En la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, siete jóvenes escucharon el llamado y la Concatedral de “La Asunción de María, en Chilapa de Álvarez, Guerrero., fue el escenario de las cuatro Ordenaciones Diaconales y tres Ordenaciones Sacerdotales realizadas el pasado 12 de junio de 2025.
Ordenaciones Sacerdotales: Diacono Jacinto Lázaro Córdova; Diacono Víctor Hugo Neri Velázquez; y Diacono Jesús Catalán Carillo.
Ordenación Diaconales:José Juan Ocampo Tapia; Juan Daniel Velázquez Nava; Jesus Eduardo Marino Alarcón; y Jesús Aguirre Mendoza.
La celebración fue presidida por Mons. José de Jesús González Hernández OFM., Obispo de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, y a la misma acudieron Sacerdotes de la Diócesis, familiares y amigos de los recién ungidos, destinados al servicio del pueblo de Dios.
En la reflexión del Evangelio, Monseñor José de Jesús, inicio agradeciendo a los encargados de la liturgia por introducir esta algunos cantos y lecturas en lengua pues originaria, el tlapaneco, ya que en esta ocasión se estaba ordenando al Diacono Víctor Hugo Neri Velázquez, originario de de Lapa, en la Montaña de Guerrero, lugar en el que se oyen todavía las lenguas originarias.
Exhorto a que no se pierdan las lenguas originarias que tenemos aquí en Guerrero. son un tesoro y una riqueza tener estas raíces de los pueblos originarios.
También se escuchó una lectura en náhuatl, remarcando el Obispo: “ojalá podamos seguir alimentando estas lenguas de estos pueblos originarios, y el sueño de la pastoral de pueblos originarios, que resurjan las iglesias originarias, iglesias autóctonas, como lo dice el Concilio Vaticano Segundo, que estemos abiertos a que resurjan iglesias autóctonas muy bonitas, y pidamos pues a Dios por todos los pastores así originarios y estos que ya están aquí, no pierdan su origen”.
Continuo diciendo que el evangelio menciona que en una comida, en una cena, el Señor se quedó con nosotros, como para que le demos importancia a nuestras comidas ordinarias y nuestras comidas festivas.
Y nos recordó que todos estamos invitados a una gran fiesta, “así de bonita”, en el santuario de los mártires, el próximo 28 de Junio de 2025, día en que celebramos nuestra FIESTA DIOCESANA en honor nuestra Santa Patrona del Inmaculado Corazón de María. “Queremos hacer una fiesta bonita donde se entregue aparte de los platillos suculentos, todo lo que somos, nuestra identidad, el Amor que Dios nos ha infundido, demostrarlo con estos platillos o sobre todo, con estos alimentos se entrega el alma. como dice el evangelio.
También se dirigió a los nuevos Sacerdotes y Diácono: Siempre que tenemos ordenaciones diaconales y sacerdotales, nos llenamos de alegría.
Imagínense tres nuevos sacerdotes. Son poquitos para tanta necesidad, pero estos tres hay que quererlos mucho y pedir mucho por ellos, para que puedan llevar en sus hombros esa casulla que hoy van a vestir, que es el pueblo de Dios, que se echan a sus hombros y que lo puedan llevar con dignidad, conscientes de que es Jesucristo el que les ayuda.
Jesús les Dice, «Vengan a mí. Todos los que están cansados y agobiados por la carga, es el significado de la casulla, yo les voy a aliviar, para que la lleven con dignidad.
Y cuatro nuevos diáconos que igualmente nos van a dar testimonio de esa caridad hacia los más necesitados, hacia los pobres, y a enseñarnos a celebrar unas liturgias, donde nos encontremos con Jesús, el Salvador.
La liturgia nos salva, queridos diáconos. La liturgia nos salva, en cada liturgia salimos salvados, para que le demos esa importancia que tiene.
Pero la alegría continúa, en este año jubilar se acrecienta nuestro gozo, pues participamos de la alegría universal, el cielo está abierto, bajan gracias, nada más hay que recibirlas. Y para recibirlas, pues ya sabemos, lo que tenemos que hacer.
Entonces, se respira un ambiente santo, se respira la alegría jubilosa en este año jubilar que lleva como el título “Peregrinos de esperanza”.
Y como les dije al inicio, gracias por su presencia, pues ustedes están poniendo en práctica el lema, han venido de peregrinos.
Les comparto también el gozo de este mes pues estamos en el mes del Sagrado Corazón de Jesús y para nuestra diócesis, es el mes del Inmaculado Corazón de María, porque ella es la Patrona de nuestra Diócesis.
Nosotros estamos gozosos, de tener a nuestra madre como nuestra patrona y entrar a ese corazón que tanto ama al mundo. Así mismo porque acerca nuestro corazón, al corazón de Jesús a través del corazón del Inmaculado Corazón de María.
Finalmente le encomendamos al Inmaculado Corazón de María estas ordenaciones, se las ponemos en su corazón, que se lleve el corazón de todos nosotros, pero principalmente el de estos, sus hijos que recién han hecho una profesión de fe y han hecho un juramento, de seguir la obra de su hijo y que ella los acompañe y que los lleve a feliz término.
Después de la homilía, los Diáconos manifestaron su compromiso y la voluntad para el servicio a la Iglesia.
Del mismo modo lo hicieron los tres nuevos Presbíteros.
Posteriormente, se postraron en el altar para realizar el canto de la Letanía de los Santos y, al término, recibieron la imposición de manos y consagrados los Diáconos y Sacerdotes por el Obispo Diocesano.
Finalmente, Mons. José de Jesús, destacó que, como Iglesia, se debe seguir animando las vocaciones, pero de manera especial al Ministerio Sacerdotal, que Dios bendiga con abundantes vocaciones para el bien de su pueblo y que, por lo pronto, estas que ha regalado se cuiden y apoyen.
Al final de la celebración se invitó a todos los asistentes a participar del banquete preparado en el Seminario diocesano de “La Inmaculada Concepción” de Chilapa, para celebrar con júbilo y alegría estas Ordenaciones.
Los proyectos de su corazón subsisten de generación en generación, para librar de la muerte a sus fieles y reanimarlos en tiempo de hambre. (Sal 32, 11. 19).
Se dice Gloria.
ORACIÓN COLECTA.
Señor Dios, que en tu misericordia te dignas enriquecernos con los infinitos tesoros del amor del Corazón de tu Hijo, traspasado por nuestros pecados, concédenos que, al presentarte el fervoroso homenaje de nuestra devoción, cumplamos también con el deber de una digna reparación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Ezequiel 34, 11-16
Esto dice el Señor Dios: “Yo mismo iré a buscar a mis ovejas y velaré por ellas. Así como un pastor vela por su rebaño cuando las ovejas se encuentran dispersas, así velaré yo por mis ovejas e iré por ellas a todos los lugares por donde se dispersaron un día de niebla y de oscuridad.
Las sacaré de en medio de los pueblos, las congregaré de entre las naciones, las traeré a su tierra y las apacentaré por los montes de Israel, por las cañadas y por los poblados del país. Las apacentaré en pastizales escogidos, y en lo alto de los montes de Israel tendrán su aprisco; allí reposarán en buenos prados, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel.
Yo mismo apacentaré a mis ovejas; yo mismo las haré reposar, dice el Señor Dios. Buscaré a la oveja perdida y haré volver a la descarriada; curaré a la herida, robusteceré a la débil, y a la que está gorda y fuerte, la cuidaré. Yo las apacentaré en la justicia”. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
L. El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas. R
L. Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad. R.
L. Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes. R.
L. Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término. R.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 5, 5b-11
Hermanos: Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado.
En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.
Con mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucha más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su Hijo. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 10, 14
R. Aleluya, aleluya. Yo soy el buen pastor, dice el Señor, yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. R. Aleluya.
EVANGELIO (Lc 15, 3-7).
Del santo Evangelio según san Lucas
Gloria a tí, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y a los escribas esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’.
Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse”. Palabra del Señor.
Gloria a tí, Señor Jesús.
PISTAS PARA LA HOMILÍA:
El 27 de diciembre de 1673, día de san Juan Apóstol, Margarita María de Alacoque, quien tenía sólo 14 meses de profesa y 26 años de edad, estaba como de costumbre arrodillada ante el Señor en el Santísimo Sacramento, expuesto en la capilla del convento de La Visitación. Era el momento de la primera gran revelación del Señor a la futura santa.
“Mi Divino Corazón –le dijo el Señor a Margarita María– está tan apasionado de Amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en él las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo, los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición. Te he elegido como un abismo de indignidad y de ignorancia, a fin de que seas todo obra mía”.
Desde ese instante y hasta nuestros días –en que va creciendo– la devoción al Sagrado Corazón de Jesús no ha dejado de ganar devotos, gente común y sencillísima, gente encumbrada y de graves responsabilidades, todos quieren seguir la indicación de la jaculatoria que reza así: “Jesús, manso y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al tuyo”. Se trata de una semejanza. No de una igualdad.
El filósofo católico Dietrich von Hildebrand señala que a esta oración “se aplica todo lo que sabemos sobre el sentido de la imitación de Cristo”. Y más adelante indica que “la transformación en Cristo que implica esta imitación consiste en hacernos santos”. Es el ethos cristiano; la forma de ser que Dios quiere de nosotros y que santa Margarita María lo dejó dicho de esta manera: “Como el amor hace uno a los amantes, si quieres ser amado de Jesús has de ser manso como Él, y humilde como Él.”
No fue hasta el 11 de junio de 1899, dentro del mes dedicado al Sagrado Corazón, cuando un Papa, en este caso el Papa León XIII, consagró la humanidad al Sagrado Corazón de Jesús. Unos días antes, el 25 de mayo del mismo año, había publicado la encíclica Annum Sacrum (refiriéndose al Año Santo de 1900).
En ella escribió: “El Corazón divino es símbolo e imagen viva del infinito amor de Jesucristo, que nos impulsa a pagarle también con amor”.
La idea de consagrar el mundo y toda la humanidad al Corazón de Jesús surgió 25 años antes, con motivo de las conmemoraciones en el segundo centenario de la canonización de santa Margarita María de Alacoque. En aquel entonces, siendo Papa Pío IX, miles de personas de toda clase y condición, incluidos Obispos, solicitaban al Papa, incesantemente, realizar una consagración de la humanidad al Sagrado Corazón.
León XIII lo hizo. Y llegó a considerar éste como el acto más importante de su largo pontificado. Su argumentación es sublime: “Puesto que el Sagrado Corazón es el símbolo y la imagen sensible de la caridad infinita de Jesucristo, caridad que nos impulsa a amarnos los unos a los otros, es natural que nos consagremos a este corazón tan santo.
Obrar así es darse y unirse a Jesucristo, pues los homenajes, señales de sumisión y de piedad que uno ofrece al divino Corazón, son referidos realmente y en propiedad a Cristo en persona”. Cien años después, san Juan Pablo II, recordando la Consagración de León XIII, y renovándola, escribió: “La contemplación del Corazón de Jesús en la Eucaristía estimulará al creyente a buscar en ese Corazón el misterio inagotable del sacerdocio de Cristo y de la Iglesia.
Le permitirá saborear, en comunión con sus hermanos y hermanas, la dulzura espiritual de la fuente de la caridad. El ayudar a todos a redescubrir su propio Bautismo le hará más consciente de tener que vivir su dimensión apostólica al difundir amor y participar en la misión de evangelizar”.
Se dice credo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira, Señor, el inefable amor del Corazón de tu Hijo amado, para que este don que te ofrecemos sea agradable a tus ojos y sirva como expiación de nuestros pecados. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO: Inmenso amor de Cristo.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. El cual, con inmenso amor, se entregó por nosotros en la cruz e hizo salir sangre y agua de su costado herido, de donde habrían de brotar los sacramentos de la Iglesia, para que todos los hombres, atraídos hacia el corazón abierto del Salvador, pudieran beber siempre, con gozo, de la fuente de la salvación. Por eso, con todos los ángeles y los santos te alabamos, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo…
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Jn 19, 34
Uno de los soldados le traspasó el costado con su lanza, e inmediatamente salió sangre y agua.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.
Señor y Padre nuestro, que este sacramento de amor nos haga arder en santo afecto, de modo que, atraídos siempre hacia tu Hijo, sepamos reconocerlo en nuestros hermanos. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
SUBSIDIO, EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS | RESUMEN DEL PRIMER CAPÍTULO DE LA ENCÍCLICA DILEXIT NOS,DEL PAPA FRANCISCO
LA IMPORTANCIA DEL CORAZÓN
Para expresar el amor de Jesucristo suele usarse el símbolo del corazón. Algunos se preguntan si hoy tiene un significado válido. Pero cuando nos sentimos perdidos, extraviados, entonces necesitamos recuperar la importancia del corazón.
¿Qué expresamos cuando decimos “corazón”?
En el griego clásico profano el término kardia significa lo más interior de seres humanos, animales y plantas.
En Homero indica no sólo el centro corporal, sino también el centro anímico y espiritual del ser humano.
En la Ilíada, el pensar y el sentir son del corazón y están muy próximos entre sí. Allí el corazón aparece como centro del querer y como lugar en que se fraguan las decisiones importantes de la persona.
En Platón el corazón adquiere una función en cierto modo “sintetizadora” de lo racional y lo tendencial de cada uno, pues tanto el mandato de las facultades superiores como las pasiones se transmiten a través de las venas que confluyen en el corazón. Así advertimos desde la antigüedad la importancia de considerar al ser humano no como una suma de distintas capacidades sino como un mundo anímico corpóreo con un centro unificador que otorga a todo lo que vive la persona el trasfondo de un sentido y una orientación.
Dice la Biblia que «la Palabra de Dios es viva y eficaz […] discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hb 4,12). De esta manera nos habla de un núcleo, el corazón.
Los discípulos de Emaús, en su misteriosa caminata con Cristo resucitado, vivían un momento de angustia, confusión, desesperanza, desilusión. No obstante, más allá de todo eso y a pesar de todo, algo ocurría en lo más hondo: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino?» (Lc 24,32).
El corazón es el lugar de la sinceridad, donde no se puede engañar ni disimular. Suele indicar las verdaderas intenciones, lo que uno realmente piensa, cree y quiere, los “secretos” que a nadie dice y, en definitiva, la propia verdad desnuda. Se trata de aquello que no es apariencia o mentira sino auténtico, real, enteramente “propio”. Por eso a Sansón, que no contaba el secreto de su fuerza, Dalila le reclamaba: «¿Cómo puedes decir que me quieres, si tu corazón no está conmigo?» (Jc 16,15). Sólo cuando él le contó su secreto tan oculto, ella «comprendió que él le había abierto todo su corazón» (Jc 16,18).
«Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo?» (Jr 17,9). Así entendemos por qué el libro de los Proverbios nos reclama: «Con todo cuidado vigila tu corazón, porque de él brotan las fuentes de la vida. La pura apariencia, el disimulo y el engaño dañan y pervierten el corazón. En el corazón se juega todo. En el corazón somos nosotros mismos.
Lo mejor es dejar brotar preguntas decisivas: ¿quién soy realmente?, ¿qué busco?, ¿qué sentido quiero que tengan mi vida, mis elecciones o mis acciones?; ¿por qué y para qué estoy en este mundo?, ¿cómo querré valorar mi existencia cuando llegue a su final?, ¿qué significado quisiera que tenga todo lo que vivo?, ¿quién quiero ser frente a los demás?, ¿quién soy frente a Dios? Estas preguntas me llevan a mi corazón.
Volver al corazón
En este mundo líquido es necesario hablar nuevamente del corazón, apuntar hacia allí donde cada persona, de toda clase y condición, hace su síntesis; allí donde los seres concretos tienen la fuente y la raíz de todas sus demás potencias, convicciones, pasiones, elecciones.
En la sociedad actual el ser humano «corre el riesgo de perder su centro, el centro de sí mismo». «El hombre contemporáneo se encuentra a menudo trastornado, dividido, casi privado de un principio interior que genere unidad y armonía en su ser y en su obrar. Existen modelos de comportamiento bastante difundidos, por desgracia, exasperan su dimensión racional-tecnológica o, al contrario, su dimensión instintiva». Falta corazón.
El corazón ha tenido poco lugar en la antropología y al gran pensamiento filosófico le resulta una noción extraña. Se han preferido otros conceptos como el de razón, voluntad o libertad. pareciera que lo más íntimo es también lo más lejano a nuestro conocimiento.
Si el corazón está devaluado también se devalúa lo que significa hablar desde el corazón, actuar con corazón, madurar y cuidar el corazón.
Hay que afirmar que tenemos corazón, que nuestro corazón coexiste con los otros corazones que le ayudan a ser un “tú”. En efecto, es el corazón el que crea las posibilidades de encuentro. Por el corazón estoy yo al lado del otro y otro está cerca de mí. Sólo el corazón puede acoger y dar un hogar. La intimidad es el acto, la esfera del corazón.
Que la interioridad resida en el espíritu no es propio de lo humano. Mas cuando el corazón no vive, el hombre está no en sí mismo sino junto a sí mismo».
Necesitamos que todas las acciones se pongan bajo el “dominio político” del corazón. Que la voluntad desee el bien mayor que el corazón conoce, y que también la imaginación y los sentimientos se dejen moderar por el latido del corazón.
Se podría decir que, en último término, yo soy mi corazón, porque es lo que me distingue, me configura en mi identidad espiritual y me pone en comunión con las demás personas. El corazón no se puede manipular.
De hecho, la palabra “corazón” no puede ser agotada por la biología, por la psicología, por la antropología o por cualquier ciencia.
Si bien “corazón” nos lleva al centro íntimo de nuestra persona, también nos permite reconocernos en nuestra integridad y no sólo en algún aspecto aislado.
Por otra parte, esta fuerza única del corazón nos ayuda a entender por qué se dice que cuando se capta alguna realidad con el corazón se la puede conocer mejor y más plenamente. Esto inevitablemente nos lleva al amor del que es capaz ese corazón, ya que «lo más íntimo de la realidad es amor».
Lo primero que hace pensar y preguntar es la emoción profunda. La filosofía siempre sucede en un estado de ánimo fundamental (Stimmung)». Y aquí aparece el corazón, que «alberga los estados de ánimo, trabaja como ‘un custodio del estado de ánimo’. El ‘corazón’ oye de una manera no metafórica ‘la silenciosa voz’ del ser, dejándose templar y determinar (armonizar y unificar) por ella».
El corazón que une los fragmentos
El corazón hace posible cualquier vínculo auténtico, porque una relación que no se construya con el corazón es incapaz de superar la fragmentación del individualismo. Anti-corazón es una sociedad cada vez más dominada por el narcisismo y la autorreferencia.
Por consiguiente, nos volvemos incapaces de acoger a Dios. Como diría Heidegger, para recibir lo divino hay que construir una «casa de huéspedes».
Vemos así cómo se produce en el corazón de cada uno esta paradójica conexión entre la valoración del propio ser y la apertura a los otros, entre el encuentro tan personal consigo mismo y la donación de sí a los demás. Sólo se llega a ser uno mismo cuando se adquiere la capacidad de reconocer al otro, y se encuentra con el otro quien puede reconocer y aceptar la propia identidad.
María, mujer de gran corazón
El corazón también es capaz de unificar y armonizar tu historia personal, que parece fragmentada en mil pedazos, pero donde todo puede tener un sentido. Es lo que expresa el Evangelio en la mirada de María, que miraba con el corazón. Ella era capaz de dialogar con las experiencias atesoradas ponderándolas en el corazón, dándoles tiempo: simbolizando y guardando dentro para recordar. En el Evangelio, la mejor expresión de lo que piensa un corazón son los dos pasajes de san Lucas que nos dicen que María “atesoraba (syneterei) todas estas cosas, ponderándolas (symballousa) en su corazón” (cf. Lc 2,19.51). El verbo symballein (del que proviene “símbolo”) significa ponderar, reunir dos cosas en la mente y examinarlas con uno mismo, reflexionando, dialogando interiormente. En Lucas 2,51 dieterei es “guardaba cuidadosamente”, y lo que ella conservaba no era sólo “la escena” que veía, sino también lo que no entendía todavía y aun así permanecía presente y vivo en la espera de unirlo todo en el corazón.
En el tiempo de la inteligencia artificial no podemos olvidar que para salvar lo humano hacen falta la poesía y el amor. Hacer brotar sonrisas con una broma, calcar un dibujo al contraluz de una ventana, jugar el primer partido de fútbol con una pelota de trapo, cuidar gusanillos en una caja de zapatos, secar una flor entre las páginas de un libro, cuidar un pajarillo que se ha caído del nido, pedir un deseo al deshojar una margarita. Todos esos pequeños detalles, lo ordinario-extraordinario, nunca podrán estar entre los algoritmos. Se sustentan en la ternura que se guarda en los recuerdos del corazón.
Todo se unifica en el corazón, que puede ser la sede del amor con la totalidad de sus componentes espirituales, anímicos y también físicos. En definitiva, si allí reina el amor una persona alcanza su identidad de modo pleno y luminoso, porque cada ser humano ha sido creado ante todo para el amor, está hecho en sus fibras más íntimas para amar y ser amado.
Podemos pensar que la sociedad mundial está perdiendo el corazón. Ante tantas guerras, muertes, violencia, aprobación del aborto, etc. Y si a nosotros, nos conmueve todo lo que está pasando, podemos ver que realmente estamos perdiendo el corazón.
Cuando cada uno reflexiona, busca, medita sobre su propio ser y su identidad, o analiza las cuestiones más elevadas; cuando piensa acerca del sentido de su vida e incluso si busca a Dios, aun cuando experimente el gusto de haber vislumbrado algo de la verdad, eso necesita encontrar su culminación en el amor. Amando, la persona siente que sabe por qué y para qué vive. Así todo confluye en un estado de conexión y de armonía. Por eso, frente al propio misterio personal, quizás la pregunta más decisiva que cada uno podría hacerse es: ¿tengo corazón?
El fuego
La teología de los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola tiene por principio el affectus. Michel de Certeau hace ver cómo las “mociones” de las que habla san Ignacio son las irrupciones de un querer de Dios y de un querer del propio corazón que permanece otro en relación con el orden manifiesto. Es el origen de un nuevo “ordenamiento de la vida” a partir del corazón.
Allí donde el filósofo detiene su pensamiento, el corazón creyente ama, adora, pide perdón y se ofrece a servir en el lugar que el Señor le da a elegir para que lo siga. Aceptar su amistad es cuestión de corazón y eso nos constituye como personas en el sentido pleno de la palabra.
San Buenaventura decía que al fin de cuentas hay que preguntarle «no a la luz, sino al fuego». Y enseñaba que «la fe está en el intelecto, de modo que provoca el afecto. El conocimiento de Cristo debe convertirse en afecto, en amor.
San John Henry Newman tomó como lema la frase «Cor ad cor loquitur», porque más allá de toda dialéctica, el Señor nos salva hablando a nuestro corazón desde su Corazón sagrado. Esta misma lógica hacía que para él, gran pensador, el lugar del encuentro más hondo consigo mismo y con el Señor no fuera la lectura o la reflexión, sino el diálogo orante, de corazón a corazón, con Cristo vivo y presente. Decía: «Sacratísimo y muy amado Corazón de Jesús, estás oculto en la Santa Eucaristía y sufres aún por nosotros. Haz que mi corazón lata con el tuyo. Purifícalo de todo lo que es terrenal, de todo lo que es orgullo y sensualidad, de todo lo que es duro y cruel, de toda perversidad, de todo desorden, de toda mortandad.
Ante el Corazón de Jesús vivo y presente nuestra mente comprende, iluminada por el Espíritu, las palabras de Jesús.
Sentir y gustar al Señor y honrarlo es cosa del corazón. Únicamente el corazón es capaz de poner a las demás potencias y pasiones y a toda nuestra persona en actitud de reverencia y de obediencia amorosa al Señor.
El mundo puede cambiar desde el corazón
Nuestras comunidades sólo desde el corazón lograrán unir sus inteligencias y voluntades diversas y pacificarlas para que el Espíritu nos guíe como red de hermanos, ya que pacificar también es tarea del corazón. El Corazón de Cristo es éxtasis, es salida, es donación, es encuentro. Nuestro corazón unido al de Cristo es capaz de este milagro social.
Tomar en serio el corazón tiene consecuencias sociales. el Concilio invita a volver al corazón, explicando que el ser humano «por su interioridad es, en efecto, superior al universo entero; a esta profunda interioridad retorna cuando entra dentro de su corazón, donde Dios le aguarda, escrutador de los corazones (cf. 1 S 16,7; Jr 17,10), y donde él personalmente, bajo la mirada de Dios, decide su propio destino».
Esto no significa confiar excesivamente en nosotros mismos. Tengamos cuidado: advirtamos que nuestro corazón no es autosuficiente; es frágil y está herido.
Acudamos al Corazón de Cristo, ese centro de su ser, que es un horno ardiente de amor divino y humano y es la mayor plenitud que puede alcanzar lo humano. Allí, en ese Corazón es donde nos reconocemos finalmente a nosotros mismos y aprendemos a amar.
En definitiva, este Corazón sagrado es el principio unificador de la realidad, porque «Cristo es el corazón del mundo. Ante el Corazón de Cristo, pido al Señor que una vez más tenga compasión de esta tierra herida, que él quiso habitar como uno de nosotros. Que derrame los tesoros de su luz y de su amor, para que nuestro mundo que sobrevive entre las guerras, los desequilibrios socioeconómicos, el consumismo y el uso antihumano de la tecnología, pueda recuperar lo más importante y necesario: el corazón.
Pbro. Agustín Beltrán Flores, Parroquia de la Inmaculada Concepción, Tepecoacuilco, Gro.
Nuestra Diócesis fue instituida por la bula Grave Nimis emitida en Roma por el Papa Pío IX el 7 de febrero de 1862.
El primer Obispo fue Don Ambrosio María Serrano.
Las autoridades liberales de ese entonces no le permitieron entrar en este territorio así que fue consagrado el 8 de marzo de 1864 en la ciudad de Puebla y en ese mismo día el P. Francisco Álvarez leyó y ejecutó el decreto de fundación de la Diócesis en Iguala, Gro.
El Señor Obispo se estableció en Huaquechula, Puebla, y desde ahí dictó su primera carta pastoral el 12 de marzo de 1866, en la que consagró la Diócesis al Inmaculado Corazón de María.
Es necesario que reavivemos nuestra devoción, entrega y agradecimiento a quien con su intercesión ha protegido a nuestra diócesis durante 163 años.
Por ello,
CONVOCO A TODOS LOS FIELES DE ESTA IGLESIA PARTICULAR PARA CELEBRAR NUESTRA FIESTA PATRONAL DIOCESANA EL PRÓXIMO 28 DE JUNIO DE 2025 EN EL SANTUARIO DE LOS MÁRTIRES DE CHILPANCINGO.
Las actividades festivas iniciarán desde cada una de las parroquias:
27 DE JUNIO 11:00 am – 02:00 pm. | Charreada. En el lienzo charro de Chilpancingo. 08:00 pm – 12:00 am | Vigilia de oración. En el Santuario de los Mártires. Promovida por la Renovación Carismática Diocesana y las Asociaciones Laicales de espiritualidad mariana.
28 DE JUNIO 10:00 am. | Reunión Peregrinacion. Punto de reunion: Capilla de Guadalupe (Calle Dr. Saúl Alarcón Abarca, Col. Misiones de Guadalupe) 10:30 am | Peregrinación Jubilar hacia el Santuario de los Mártires. Orden y organización: Carreras Guadalupanas. 11:30 am | Misa de la Fiesta Patronal y Ordenación de Diáconos Permanentes. | Promulgación del Plan Diocesano de Pastoral 2025-2029. 02:00 pm | Convivencia: «Ilhuicatl yoltonantzin» (Fiesta del canto a nuestra Madrecita). Comida, Fandango Guerrerense, Mariachi y Banda.
Para la Peregrinación Jubilar pido a todas las parroquias traer signos alusivos al Corazón Inmaculado de María: en su interior, como devotos hijos; y en su exterior, como orgullosos devotos: playeras, banderines, globos, lonas, cantos.
Para hacer entrega del Plan Diocesano de Pastoral espero a todos los párrocos y responsables de centros de atención pastoral acompañados al menos por sus Consejos Parroquiales de Pastoral y otros fieles de sus pueblos filiales y colonias.
También solicito la presencia de los Decanos y los Presidentes y Coordinadores Diocesanos de Comisiones y Dimensiones.
Para ayudar en la realización de este acontecimiento festivo diocesano pido a cada sacerdote que trabaja en esta Diócesis un aporte de al menos $2,000 (Dos mil pesos 00/100 n.m) pesos, que será entregado al decano, quien lo consignará a la Economía Diocesana (auxiliar P. Gamaliel Villalobos Medina) antes del 20 de junio. Si hubiera un excedente será destinado a las obras del Santuario de los Mártires.
Agradezco y doy mi bendición a todos los sacerdotes, consagrados y laicos cuyo entusiasmo y generosidad ya están haciendo posible esta fiesta, que año con año será más grande y más profunda.
Que Dios les bendiga siempre y a todos nos acoja la Virgen María en su maternal corazón.
Dado en Chilpancingo de la Asunción, Gro., a los 2 días del mes de junio del Año Jubilar Peregrinos de la Esperanza 2025.
José de Jesús González Hernández, O.F.M. Obispo de Chilpancingo-Chilapa
En preparación para su fiesta, que celebraremos con gozo el próximo 28 de junio de 2025, en el Santuario de nuestros Martires Guerrerenses, San Margarito Flores y San David Uribe, en Chilpancingo, Gro. viviremos juntos un Novenario en honor al Inmaculado Corazón de María.
Este, será un tiempo especial de oración, reflexión y encuentro con el amor maternal de nuestra Madre del Cielo.
🕊️ Iniciamos el novenario el 19 de junio. 📖 Para acompañarte en esta experiencia espiritual, te presentamos un Subsidio especial, con los esquemas y oraciones, que te ayudará a orar cada día con mayor fe y devoción.
María nos espera con su corazón abierto, para llevarnos al Corazón de su Hijo.
¡Ven y descubre la ternura del Inmaculado Corazón de María!
Unámonos como comunidad para celebrar, orar y crecer en la fe bajo su dulce amparo.