ADORACIÓN AL SANTÍSIMO: Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión | Jueves 19 de febrero de 2026
Ponemos a su disposición el esquema para la Hora Santa del próximo día Jueves 19 de Febrero de 2026. en torno a la ADORACIÓN AL SANTÍSIMO – «Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión“.
Aquí puedes bajar el esquema completo en formato PDF.
Ponemos a su disposición el Esquema para El RITO DE CLAUSURA DEL AÑO JUBILAR EN IGLESIAS JUBILARES, por el cierre del años jubilar 2025. Al final de este post puedes bajar el documento en formato PDF.
que significa la palabra Prenotandos: Los Praenotanda (su forma en latín, que a menudo se mantiene) son las notas preliminares o introductorias de los libros litúrgicos oficiales de la Iglesia Católica, como el Misal Romano o los rituales de los sacramentos. Estas notas explican los principios teológicos y las normas prácticas para la celebración adecuada de la liturgia o los sacramentos.
Prenotandos
El día El Santo Padre, en la Bula Spes non confundit, ha establecido que el Año Jubilar se clausure en las Iglesias particulares el domingo 28 de diciembre de 2025, fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Nuestro obispo ha establecido que dicha clausura sea durante las Primeras Vísperas de dicha Fiesta, o una fecha cercana en el horario más conveniente en los lugares designados para este Jubileo, en cada decanato, como Iglesias Jubilares.
El lugar: La clausura del Año Jubilar tiene lugar con la celebración de la Eucaristía presidida por el obispo diocesano en la iglesia catedral, madre de todas las iglesias de la diócesis. La Eucaristía de clausura del Jubileo es única y se celebra en la catedral. Sin embargo, si en la diócesis, según el Derecho Canónico, hay una concatedral, en ésta también puede tenerse la celebración eucarística de clausura. Para la celebración en las iglesias jubilares, el Obispo puede ser sustituido por un delegado designado para la ocasión. La celebración.
Será presidida por el delegado del Obispo, concelebrantes y acompañado de diáconos, acólitos, lectores y otros ministros que desempeñen su servicio. Hay que procurar que la convocatoria llegue a todos los fieles. La celebración eucarística es la ocasión para dar gracias al Señor por todo lo que ha obrado durante este año especial de oración y conversión.
En la celebración cuídense de modo particular: – la centralidad de la cruz en el Año Jubilar; – la oración de los fieles; – la presentación de los dones; – la Comunión bajo las dos especies; – el canto de acción de gracias; – la oración sobre el pueblo o la bendición solemne; – la despedida.
La cruz del Año Jubilar La cruz, llevada en procesión en el rito de apertura del Año Jubilar y expuesta durante todo el año cerca del altar, debe estar debidamente adornada con flores.
La oración de los fieles Como continuación de las alabanzas y súplicas que el pueblo elevó a Dios durante el Año Jubilar, la oración de los fieles recoge las intenciones de la asamblea intercediendo por la Iglesia y por el mundo entero. En el rito se propone un formulario; sin embargo, conviene que cada comunidad prepare la oración de los fieles que brote de su propia experiencia espiritual y comunitaria vivida durante el Año. La forma propuesta prevé que el diácono anuncie la intención de la oración; sigue un momento de silencio, tras el cual el lector formula la oración a la que la asamblea responde cantando.
La presentación de los dones En la presentación de los dones, se lleva pan y vino para la comunión de los fieles. En el espíritu del Jubileo, año en el que se redistribuyeron todos los recursos para que a nadie le falte lo necesario, se puede concretar la atención a los pobres sensibilizando a la comunidad sobre auténticos gestos de caridad que continúan incluso después de la clausura del Año Jubilar, y preparando la celebración para que, en la presentación de los dones, no falten los donativos para los pobres (cf. Ordenación General del Misal Romano, 73).
La Comunión bajo las dos especies Es oportuno distribuir la Comunión bajo las dos especies. «En esa forma es donde más perfectamente se manifiesta el signo del banquete eucarístico, y se expresa más claramente la voluntad divina con que se ratifica en la Sangre del Señor la Alianza nueva y eterna, y también la relación entre el banquete eucarístico y el banquete escatológico en el reino del Padre» (Ordenación General del Misal Romano, 281)
El canto de acción de gracias Terminada la oración después de la comunión, el Obispo o delegado exhorta a los fieles a bendecir al Señor por la gracia del Año Jubilar y la indulgencia. A continuación, se entona un canto de acción de gracias.
La oración sobre el pueblo o la bendición solemne y la despedida del diácono La celebración eucarística termina con una oración sobre el pueblo o con la bendición solemne. Los textos recuerdan los temas del Año Jubilar e invocan sobre el pueblo la fuerza de la ayuda divina para que, una vez terminada la experiencia especial del Jubileo, la comunidad que ha experimentado el perdón pueda volver al ritmo cotidiano de la vida, renovada por la gracia de un tiempo especial de oración y de cercanía al Señor.
La despedida del diácono, tomada de la Primera Carta de Pedro, sintetiza los temas del testimonio de fe, la esperanza y la conformación de la propia vida al misterio celebrado.
SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARIA SANTISIMA SANTA PATRONA DE NUESTRO SEMINARIO DIOCESANO DE CHILAPA.
Cada 8 de diciembre, millones de católicos en todo el mundo celebran una de las solemnidades más queridas y, al mismo tiempo, más incomprendidas: la Inmaculada Concepción de la Virgen María.
No se trata —como todavía muchos creen— del milagro virginal del nacimiento de Jesús, sino del misterio por el cual María, desde el primer instante de su existencia, fue preservada del pecado original.
Este dogma, proclamado oficialmente por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 en la bula Ineffabilis Deus, es una de las verdades más profundas de la fe católica y se encuentra en el corazón de la historia de la salvación.
Comprender su significado implica mirar a la Biblia, a la teología, a la tradición apostólica y al Magisterio de la Iglesia. Pero también nos invita a descubrir qué dice, hoy, este misterio a una sociedad herida por la violencia, la corrupción y la desesperanza.
A continuación, presentamos un recorrido claro, documentado y narrado para explicar, por qué la Iglesia celebra a María como “la Inmaculada Concepción” y qué mensaje ofrece al hombre de hoy.
1. Una solemnidad que nace del corazón de la Iglesia
Aunque el dogma tiene una fecha precisa (1854), la convicción de la santidad original de María tiene raíces antiquísimas. Ya en el siglo II, los Padres de la Iglesia llamaban a María “la Nueva Eva”, una imagen que atraviesa siglos de tradición cristiana.
La liturgia romana comenzó a celebrar esta fiesta ya en los siglos VII–VIII. Luego pasó a Occidente, y para el siglo XI era una fecha consolidada. La Iglesia, antes de definirlo, lo celebró litúrgicamente durante mil años.
Su proclamación solemne por Pío IX no fue una innovación, sino el reconocimiento doctrinal de una fe mantenida universalmente.
En Ineffabilis Deus, el Papa define: “Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la bienaventurada Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, por singular gracia y privilegio de Dios Omnipotente […] es una doctrina revelada por Dios.”
Con esta frase, el Magisterio ancló el dogma en la revelación divina, no solo en la tradición.
2. Fundamento bíblico: la promesa de una mujer victoriosa
Aunque la Biblia no describe explícitamente “la concepción inmaculada de María”, la Iglesia reconoce en la Escritura un tejido de indicios y revelaciones progresivas que sustentan esta verdad. Los textos clave son tres:
2.1. Génesis 3,15: el Protoevangelio
Es el primer anuncio de la redención y la primera referencia a la victoria de una mujer: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; ella te aplastará la cabeza mientras tú le hieres el talón.”
La Iglesia, desde los Padres apostólicos, ha visto en esta mujer a María. La enemistad total entre la mujer y la serpiente implica una santidad original plena.
Como explica San Ireneo (siglo II): “El nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María.”
Una mujer totalmente asociada a la victoria de Cristo no puede haber estado bajo dominio del pecado.
2.2. Lucas 1,28: “Llena de gracia” (κεχαριτωμένη) (Kejaritomene)
El saludo del ángel Gabriel es único: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.”
El término griego kecharitōménē (Kejaritomene), no significa solo “agraciada”, sino colmada permanentemente de gracia, desde un momento inicial. Es un participio perfecto pasivo que indica una acción ya realizada y continuada.
El Santo padre Benedicto XVI lo explicaba así: “María no solo recibió gracia; ella fue transformada por la gracia desde su origen.”
La Iglesia ve aquí el fundamento explícito para afirmar que María no tuvo un instante sin gracia santificante.
2.3. Apocalipsis 12: la Mujer vestida de sol
La liturgia aplica continuamente esta imagen a María: “Una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas…”
Aunque el texto tiene múltiples significados (Israel, la Iglesia), la tradición ve en su plenitud la figura de la Madre del Mesías, gloriosa y vencedora sobre el Dragón.
Su plenitud divina y su victoria escatológica están vinculadas a su santidad total.
3. Fundamento teológico: la plenitud de gracia en función de Cristo
La doctrina de la Inmaculada Concepción no exalta a María por sí misma, sino que glorifica a Cristo, autor de toda gracia.
La clave está en comprender que María fue redimida también por Cristo, pero de una manera anticipada.
Santo Tomás de Aquino intuía esta posibilidad, pero quien la formuló definitivamente fue el beato Juan Duns Escoto (siglo XIII), quien explicó: “Dios pudo hacerlo, convenía que lo hiciera, luego lo hizo.”
Cristo es redentor de María preservándola del pecado original, como un médico que impide que una persona contraiga la enfermedad, en lugar de curarla luego.
Este es el corazón teológico del dogma: María fue redimida de manera eminente, por anticipación a los méritos de Cristo.
Aquí lo explicamos más ampliamente en su dimensión cristológica, soteriológica, mariológica y antropológica.
3.1. El principio teológico fundamental: TODO en María es por Cristo
El dogma de la Inmaculada Concepción no se explica desde María por sí misma, ni desde una especie de privilegio aislado o estético. Su clave está en esta afirmación esencial del Magisterio: “En previsión de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, María fue preservada de la culpa original” (Ineffabilis Deus).
Es decir:
María no es fuera de Cristo,
no es paralela a Cristo,
no es independiente de Cristo, sino que su privilegio proviene del mismo Cristo y de la eficacia anticipada de su redención.
La Inmaculada no disminuye a Cristo; al contrario, lo exalta, porque muestra la potencia absoluta de Su obra.
3.2 ¿Qué significa “plenitud de gracia”? (Lc 1,28)
El ángel saluda a María diciendo: κεχαριτωμένη (kecharitōménē) —“llena de gracia”.
La exégesis actual coincide en que es un participio perfecto pasivo que implica:
✔ Acción perfecta terminada en el pasado: María ya había sido agraciada antes del anuncio del ángel. No es que “a partir de ahora Dios te da gracia”, sino “tú ya has sido totalmente transformada y permaneces en ese estado”.
✔ Acción recibida (pasivo divino): Dios es quien ha realizado en María esta plenitud de gracia.
✔ Estado permanente de gracia: No es un momento puntual, sino una condición constante, sin ruptura.
✔ Plenitud superlativa: Lucas utiliza un término único que no se aplica a ninguna otra persona en la Escritura.
Conclusión: El saludo angélico implica que María vivía en una condición de gracia divina plena, estable y perfecta, incompatible con la existencia del pecado original.
Pero lo decisivo es lo siguiente: Esta plenitud no es autónoma: es un don gratuito por los méritos futuros de Cristo.
3.3. La pregunta central de la teología: ¿cómo puede ser María redimida si no tuvo pecado?
Aquí aparece el corazón de la reflexión teológica medieval.
La doctrina cristiana enseña: “Todos necesitan ser redimidos por Cristo.”
Entonces, ¿cómo fue redimida María si nunca estuvo en pecado?
3.4. La clave de Duns Escoto: la “redención preventiva”
El beato Juan Duns Escoto (s. XIII) articuló la solución que adoptó finalmente la Iglesia, la cual podemos entender de esta manera:
✔ Cristo es redentor universal.
No hay excepción: ni María está fuera de Su redención.
✔ Hay dos modos de redención:
Liberativa: Dios salva a alguien después de caer (lo que hace con nosotros).
Preservativa o preventiva: Dios salva a alguien antes de caer, preservándolo del mal.
Escoto lo expresó en su argumento clásico: “Dios pudo hacerlo, convenía que lo hiciera, luego lo hizo.” (Potuit, decuit, ergo fecit)
La idea es simple: —Si Cristo puede redimir PERFECTAMENTE, ¿qué modo de redención es más perfecto: curar o preservar? —Preservar es una forma superior: evita el mal, no solo lo repara.
Así, María fue redimida de la forma más perfecta posible.
Por tanto, La Inmaculada Concepción NO excluye la redención, sino que muestra su máxima eficacia anticipada.
Cristo “aplicó” a su Madre los frutos de su Pasión antes del tiempo, en previsión de lo que Él realizaría en la Cruz.
3.5. Cristo es el fundamento ontológico del don de María
La teología afirma que la gracia santificante de María:
procede ontológicamente de Cristo,
es cristocéntrica,
es participación anticipada de la gracia pascual,
es “plenitud” porque Cristo es plenitud (cf. Col 1,19).
María no es la fuente de la gracia: es la primera receptora y la plenamente transformada por la obra de Cristo.
De manera paradójica y hermosa:
Cristo es causa de María en el orden de la gracia,
mientras María es causa de Cristo en el orden de la carne.
Esto se llama la “mutua implicación” de Cristo y María en la historia de la salvación.
3.6. Dimensión soteriológica: María como la primera redimida
El dogma resalta que María no es excepción al pecado original por “naturaleza especial”, sino por redención singular.
El Magisterio insiste en esto:
✦Lumen Gentium 53: “Fue redimida de un modo sublime en atención a los méritos de su Hijo.”
✦Lumen Gentium 56: “Desde el primer instante de su concepción, fue enriquecida con una santidad sumamente excepcional.”
La Inmaculada, entonces, no afirma superioridad, sino primacía redentora.
María es:
la primera redimida,
la redimida en grado máximo,
la redimida anticipadamente,
la redimida para una misión única.
3.7. Dimensión cristológica: Cristo necesita una Madre “toda de Dios”
El dogma no exalta a María por sí misma, sino por su relación con Cristo. Dios quiso que el Verbo se encarnara en un seno limpio de todo pecado. No por necesidad física, sino por conveniencia teológica.
Los Padres de la Iglesia lo vieron claramente:
✦ San Atanasio: “Era conveniente que Aquel que venía a recrear al hombre fuera formado en un seno incorrupto.”
✦ San Efrén: “Tú, Señor, y tu Madre estáis solos completamente bellos: en ninguno de vosotros hay mancha.”
✦ San Ireneo: “Lo que Eva ató con su incredulidad, María lo desató con su fe.”
Todo converge en esta idea:
El Hijo de Dios entra al mundo por una puerta perfectamente abierta a la gracia.
La Inmaculada Concepción de María es una armonía perfecta entre:
la santidad de Cristo
y la dignidad del instrumento elegido para su Encarnación.
3.8. Dimensión antropológica: María como “primicia de la nueva creación”
En María acontece lo que Dios quiere para todos:
libertad del pecado,
plenitud de gracia,
victoria sobre el mal.
Ella es la primera totalmente renovada por Cristo. Es una “anticipación” de lo que Dios hará con la humanidad entera. Por eso es “imagen escatológica de la Iglesia”.
Como enseña Lumen Gentium 65: “En María, la Iglesia ya alcanzó la perfección en la que existe sin mancha ni arruga.”
La Inmaculada no es solo un privilegio: es una profecía.
3.9. Síntesis: ¿qué significa teológicamente la Inmaculada Concepción?
En conclusión, La Inmaculada Concepción significa que:
Cristo es el único Redentor, y su redención es tan perfecta que puede actuar anticipadamente.
María es la obra maestra de la gracia, porque es la persona a quien Cristo aplica su salvación de forma total.
La plenitud de gracia de María es cristocéntrica, no nace de ella misma, sino de Cristo.
La Inmaculada preserva la verdad de la Encarnación, pues María es preparada para ser la Madre del Verbo.
El dogma glorifica a Dios, no a la creatura, porque su poder se manifiesta más en preservar que en curar.
María es inmaculada no a pesar de Cristo, sino precisamente por Cristo.
4. Fundamento doctrinal: el Magisterio habla
4.1. Concilio de Trento (1546)
Al definir el pecado original, el Concilio añadió una frase decisiva: “…declara que no se incluye en esta declaración a la bienaventurada e inmaculada Virgen María.” (Dz 1573)
Esto preparó el terreno doctrinal para el dogma posterior.
4.2. Bula Ineffabilis Deus (1854)
Pío IX, tras consultar a todos los obispos del mundo, afirmó que esta doctrina ha sido creída “siempre, en todas partes y por todos” (principio de consensus fidelium).
El texto subraya cuatro aspectos:
Preservación total de la culpa original.
Desde el primer instante de la concepción.
Por un privilegio singular de Dios.
En vista de los méritos de Jesucristo.
Con esto queda claro que no es un privilegio aislado, sino inserto en la obra de Cristo.
4.3. Lumen Gentium (1964)
El Concilio Vaticano II reafirmó el dogma, especialmente en el capítulo VIII: “Desde el primer instante de su concepción fue enriquecida por Dios con la santidad sumamente excepcional.” (LG 56)
Y agrega: “Resplandece como figura de la Iglesia en orden a la fe, la caridad y la perfecta unión con Cristo.” (LG 63)
5. La Inmaculada Concepción en los Padres de la Iglesia: raíces antiguas y profundas
Desde los primeros siglos, la Iglesia vio a María como una creatura completamente santa.
San Ireneo (siglo II): “Así como Eva, desobedeciendo, se convirtió en causa de muerte, María se convirtió en causa de salvación para sí misma y para todo el género humano.” (Adversus Haereses, III,22,4)
San Efrén (siglo IV): “Tú y tu Madre son totalmente hermosos, no hay mancha en ti ni en tu Madre.” (Himnos Nisibenos, 27)
San Agustín (siglo V): “Exceptuando a la santa Virgen María, de la cual, por el honor del Señor, no quiero que se trate cuando se habla de pecado.” (De natura et gratia, 36)
Este consenso patrístico muestra que la Iglesia no inventó una novedad, sino que explicitó una verdad venerada desde antiguo.
6. ¿Por qué es importante para el cristiano de hoy?
La Inmaculada Concepción no es un detalle piadoso, sino un mensaje profundamente humano y actual.
6.1. UN SIGNO CONTRA EL FATALISMO
Vivimos en una cultura marcada por una profunda desconfianza: – “Así soy, ya no puedo cambiar.” – “La corrupción es inevitable.” – “El mal siempre acaba ganando.” – “El pecado es más fuerte que nosotros.”
Este es el fatalismo moderno, la idea de que nuestras realidades personales, sociales o espirituales están determinadas por fuerzas que no podemos transformar.
El dogma de la Inmaculada Concepción es un golpe frontal al fatalismo, porque:
1. Proclama que el mal NO es la primera ni la última palabra.
La existencia de María sin el pecado original y ningún otro pecado, es un signo histórico y real de que la gracia de Dios puede vencer incluso antes de que el mal toque la vida humana.
Si Dios pudo preservar a María desde el principio, también puede: – reconstruir vidas destruidas, – sanar heridas antiguas, – transformar realidades injustas, – sostener procesos de conversión auténticos.
2. El pecado NO es inevitable.
La vida de María demuestra que la existencia humana no está predestinada al fracaso moral.
En un mundo que normaliza el pecado, la Inmaculada es un grito: “El mal no es nuestro destino.”
3. La gracia de Dios tiene poder auténtico.
Muchos cristianos creen de palabra en la gracia pero viven como si solo el esfuerzo humano contara.
La preservación de María es la prueba máxima de que la gracia no solo perdona: también protege, transforma y recrea.
Por eso, la Inmaculada Concepción, es luz para quienes sienten que ya no pueden cambiar, un antídoto espiritual contra la resignación y el derrotismo.
6.2. MARÍA INMACULADA COMO MODELO DE HUMANIDAD PLENA
El ser humano moderno se pregunta continuamente quién es y quién puede llegar a ser. Entre el relativismo, la confusión moral y la crisis de identidad, no tenemos modelos claros de plenitud humana.
Aquí la Inmaculada Concepción tiene un mensaje decisivo: María es el retrato de la humanidad tal y como Dios la soñó desde la creación.
· María es la “nueva Eva”: Los Padres de la Iglesia —Ireneo, Efrén, Atanasio— enseñaron que en ella aparece la humanidad renovada, capaz de decir “sí” plenamente a Dios.
María no es “más humana” porque no tuvo pecado; es plenamente humana porque no fue deformada por el pecado.
· María muestra la armonía perfecta entre libertad y gracia: La cultura actual plantea una falsa oposición o autonomía radical, o sumisión ciega.
María revela que la verdadera libertad humana consiste en responder con amor a Dios.
Su “hágase” es el acto más libre de la historia.
· María es un ideal alcanzable : No se nos presenta para desanimarnos, sino como la primera realización de lo que Dios quiere hacer en nosotros.
Ella es la primicia de la nueva humanidad, no la excepción.
· María muestra una vida sin doblez.: En un mundo de fragmentación interior, de máscaras, de personas rotas, la Inmaculada muestra la unidad interior, la integridad, la paz del corazón sin fracturas.
Por eso, la Iglesia la propone como modelo de realización plena, no por ausencia de problemas, sino por su transparencia total a Dios.
6.3. UN RECORDATORIO DE NUESTRA DIGNIDAD
Una de las crisis más profundas de nuestro tiempo es la crisis de ladignidad humana.
La pornografía, la violencia, la cosificación, la trata de personas, el individualismo extremo y la cultura del descarte han oscurecido la percepción de la nobleza del ser humano.
En este contexto, el dogma de la Inmaculada Concepción le dice al mundo:
La dignidad del ser humano es tan grande que Dios quiso un destino sin mancha ni corrupción.
a. María revela el valor infinito de la persona humana.
La gracia que María recibe no la separa de nosotros; revela lo que Dios piensa del ser humano desde la eternidad.
b. La Inmaculada Concepsión, muestra que la santidad es nuestra vocación natural.
La existencia sin pecado de María no es una excepción caprichosa, sino la revelación de que la vida humana está hecha para vivir en amistad con Dios.
La humanidad de María es lo que Adán y Eva debían ser, y lo que la redención quiere restaurar en nosotros.
c. María devuelve dignidad al cuerpo y a la feminidad.
En una sociedad que reduce el cuerpo —especialmente el de la mujer— a objeto, la Inmaculada Concepción es una proclamación de que el cuerpo es templo de Dios y lugar de gracia.
d. La Inmaculada Concepción denuncia toda forma de deshumanización.
Al mostrar a la humanidad en su plenitud, condena todo aquello que intenta rebajar lo humano: – vicios, – esclavitudes, – ideologías, – estructuras de pecado.
Por eso, María no es solo signo religioso: es una bandera teológica de la dignidad humana.
6.4. Un mensaje para la Iglesia
La Iglesia vive en el siglo XXI múltiples tensiones: violencia, escándalos, pérdida de credibilidad, crisis de fe, divisiones internas, secularización, desgaste pastoral.
En esta situación, la Inmaculada Concepción es un mensaje profético para el Pueblo de Dios.
ü La Iglesia está llamada a ser santa como María.
El Concilio Vaticano II lo dijo en Lumen Gentium 65: “La Iglesia, contemplando a María, ya es vista como la esposa sin mancha ni arruga.”
María es lo que la Iglesia está llamada a ser: – humilde, – obediente, – sin doblez, – disponible a la acción del Espíritu.
ü La Inmaculada denuncia el pecado dentro de la Iglesia.
No desde el moralismo, sino desde la verdad del Evangelio.
María recuerda a la Iglesia que su vocación principal no es el poder, ni la eficiencia, ni la estructura, sino la santidad.
ü María muestra a la Iglesia el camino de la misión auténtica.
Ella evangeliza de la manera más eficaz: – llevando a Cristo, – escuchando la Palabra, – caminando con los que sufren, – guardando las cosas en el corazón, – dando testimonio silencioso y profundo.
La Iglesia contemporánea necesita volver a su estilo primigenio, volver su mirada a esa iglesia primitiva, a su corazón.
ü María es la garantía de esperanza escatológica.
En medio de la confusión histórica, la Inmaculada Concepción recuerda que la victoria final ya está asegurada.
Ella es “la mujer vestida de sol” (Ap 12), signo de la victoria definitiva sobre el mal.
La Iglesia, aunque herida, camina hacia esa victoria con la seguridad de que Dios la guía hacia una plenitud semejante a la de María.
7. La celebración litúrgica del 8 de diciembre
La solemnidad tiene misa propia y un prefacio que resume toda su teología:
“Preservaste a la Virgen María de toda mancha de pecado original para preparar en ella una digna morada a tu Hijo…”
La Eucaristía del 8 de diciembre es una proclamación de esperanza, de victoria sobre el pecado y de la belleza de la gracia divina.
Como en muchos lugares —así como para nuestro seminario Diocesano — es una de las fiestas marianas más populares, acompañada de procesiones, actos devocionales y celebraciones culturales.
8. Conexión con las apariciones: Lourdes y la confirmación de 1858
Cuatro años después de la definición del dogma, la Virgen se apareció en Lourdes a Bernardita Soubirous. En su mensaje dijo: “Yo soy la Inmaculada Concepción.” Bernardita, una joven analfabeta, no entendía ese título.
Para la Iglesia, este hecho —aunque no forma parte del dogma— fue una confirmación providencial de la verdad definida.
9. Conclusión: La Inmaculada, aurora de una nueva humanidad
La Solemnidad de la Inmaculada Concepción no es solo un recuerdo doctrinal: es un canto a la esperanza, una luz que anuncia el proyecto de Dios para la humanidad.
María es la primera redimida, la primera plenamente libre, la primera victoriosa.
Su “sí” permite que Cristo entre en el mundo y su inmaculada existencia es el anuncio de que la gracia puede reconstruir todo lo que el pecado destruye.
Cada 8 de diciembre, la Iglesia proclama con alegría: “María es toda santa. María es toda de Dios. Y en ella comienza la nueva creación.”
Un mensaje que, en un mundo herido, sigue siendo más urgente que nunca.
Ponemos a su disposición un esquema para la Hora Santa del próximo día Jueves 04 de Diciembre de 2025. en torno a la ADORACIÓN AL SANTÍSIMO – Con la Inmaculada Virgen adoremos al Cordero que quita el pecado del mundo
Aquí puedes bajar el esquema completo en formato PDF.
EL ADVIENTO EN LA VIDA DE LA IGLESIA COMO UN TIEMPO DE ESPERA GOZOSA A LA NAVIDAD.
El Adviento constituye uno de los tiempos litúrgicos más ricos y profundos de la Iglesia Católica. Su nombre proviene del latín adventus, que significa “venida”, y expresa la expectativa de la visita de Dios a su pueblo. No se trata únicamente de la preparación para la Navidad, sino de un tiempo que abraza tres dimensiones esenciales de la fe cristiana: la memoria del nacimiento del Señor, la preparación espiritual para su venida sacramental y diaria, y la esperanza escatológica de su retorno glorioso al final de los tiempos.
A lo largo de la historia, el Magisterio de la Iglesia ha iluminado el sentido del Adviento a través de documentos como el Catecismo de la Iglesia Católica, las Constituciones del Concilio Vaticano II, especialmente Sacrosanctum Concilium y Lumen Gentium, así como encíclicas y homilías de diversos pontífices.
En este articulo solo abarcaremos algunos elementos, para su comprensión total, les invitamos a visitarnos en nuestra página de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa. www.chilpancingochilapa.org.
Ahí desarrollaremos una comprensión integral del Adviento en sus dimensiones teológica, doctrinal y espiritual, mostrando cómo este tiempo se inserta en la economía de la salvación y en la vida concreta del creyente.
I. Fundamento Teológico del Adviento
El Adviento como tiempo de espera mesiánica
Desde su origen, el Adviento se arraiga en la expectativa del Mesías anunciada en las Escrituras. Los profetas —particularmente Isaías, Miqueas y Zacarías— anuncian la llegada de un Salvador que traerá la paz y restaurará la relación entre Dios y la humanidad. Pasajes como Is 7,14 (“He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo”) e Is 9,1-6 (“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz”) han sido centrales en la liturgia y en la espiritualidad del Adviento.
La Iglesia contempla estos textos no como recuerdos del pasado, sino como parte de un dinamismo permanente de la historia de la salvación.
El Adviento hunde sus raíces en la espera mesiánica del pueblo de Israel, una espera que se extiende desde las primeras páginas del Génesis hasta Juan el Bautista. La Iglesia revive esta espera como una pedagogía espiritual que conduce al encuentro con Cristo.
Una mirada Desde el Protoevangelio hasta las promesas patriarcales
Tras el pecado original, Dios pronuncia la primera promesa de salvación: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; ella te aplastará la cabeza” (Gn 3,15).
Los Padres de la Iglesia leyeron este versículo como anuncio del Mesías y de su Madre. San Ireneo comentaba: “Así como por la desobediencia de una virgen el hombre cayó, también por la obediencia de una virgen el hombre es levantado” (Adversus Haereses, III, 22,4).
Con Abraham la promesa se universaliza: “En ti serán bendecidas todas las naciones de la tierra” (Gn 22,18).
San Pablo interpreta esta promesa como anuncio directo de Cristo (Gal 3,16), fundamento de la espera mesiánica.
La esperanza davídica
Dios promete a David un rey cuyo trono durará para siempre (2 Sam 7,12-16). La liturgia del Adviento retoma estos textos cada año, reconociendo en Jesús al descendiente esperado.
El profeta Isaías anuncia la llegada de un rey justo y pacífico: “Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado… y su nombre será Príncipe de la Paz” (Is 9,5-6).
Isaías es, de hecho, la voz profética central del Adviento.
Los profetas: pedagogía de la esperanza
La espera mesiánica fue moldeada por siglos de enseñanza profética. Los textos más significativos incluyen:
Is 7,14: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.”
Mi 5,2: “De ti, Belén, saldrá el que debe gobernar a Israel.”
Jer 23,5: “Suscitaré a David un vástago justo.”
La liturgia del Adviento nos introduce en este proceso de maduración espiritual. El Concilio Vaticano II afirma que Dios “preparó mediante los profetas el camino del Evangelio” (Dei Verbum 3).
Juan el Bautista: el Precursor
El Adviento presenta a Juan el Bautista como figura clave. Él proclama: “Preparad el camino del Señor y enderezad sus sendas” (Mt 3,3).
El Catecismo recuerda que en el Adviento la Iglesia “vuelve a escuchar la llamada de Juan Bautista a la conversión” (CIC 524). Su predicación define la actitud espiritual del Adviento: vigilancia, austeridad y conversión.
Dimensión teológica: Dios toma la iniciativa
Toda esta espera no nace del deseo humano, sino de la iniciativa divina. Dei Verbum enseña: “Dios habló a los hombres como amigos, movido por su gran amor” (DV 2).
La espera mesiánica se basa en la fidelidad de Dios, no en esfuerzos humanos.
Dimensión patrística de la espera
Los Padres de la Iglesia profundizan esta realidad:
San Agustín: “Toda la vida del cristiano es un santo deseo” (In I Ioannis, 4,6). El Adviento educa el deseo del corazón.
San Ireneo: “Cristo recapitula en sí toda la historia” (Adversus Haereses, III, 18,1). La espera mesiánica encuentra en Cristo su cumplimiento.
San Ambrosio: “María es el modelo de todo creyente que lleva a Cristo en su interior” (Expositio in Lucam, II, 26). María encarna la espera perfecta.
Dimensión litúrgica: actualización de la espera
El Catecismo enseña: “La Iglesia celebra cada año la espera mesiánica compartiendo la preparación para la primera venida y renovando el ardiente deseo de la segunda venida de Cristo” (CIC 524).
La liturgia no recuerda un pasado: hace presente la esperanza.
QUE PODEMOS HACER EN MI COMUNIDAD Y MI FAMILIA, PARA VIVIR ESTE ADVIENTO?
a) Recuperar el sentido cristiano de la espera
El Adviento no es activismo litúrgico; es una pedagogía de la espera. Inviten a la comunidad y/o a la familia a preguntarse:
¿Qué espero realmente hoy del Señor?
¿Qué áreas de mi vida necesitan que Cristo nazca allí?
¿Qué deseos espirituales debo despertar?
b) Fomentar silencio y oración
El Papa Francisco recuerda que Adviento es tiempo para “hacer espacio en nuestro corazón para Aquel que viene”. Practicar como comunidad y/o familia:
Momentos de silencio antes de la misa.
Jornada semanal de adoración.
Breves jaculatorias durante el día: “Ven, Señor Jesús”.
c) Confesión y reconciliación
Adviento es camino de conversión. Organizar y/o participar en familia:
Celebraciones penitenciales comunitarias.
Horarios amplios de confesión, especialmente en semanas 2 y 3
Fiesta Diocesana al Inmaculado Corazón de María, Patrona de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, Ordenación de 14 Diáconos Permanentes y Promulgación del Plan Diocesano de Pastoral 2025-2029
La Fiesta del Inmaculado Corazón de María en la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa es mucho más que un evento más en el calendario, es una expresión viva de la fe del pueblo que peregrina en la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa.
A través de ella, los fieles redescubren su vocación cristiana, renovando su consagración personal y diocesana bajo el amparo materno de la Virgen. Como dice la liturgia mariana: «Cor Mariae, cor Jesu, cor nostrum» — «El corazón de María, el corazón de Jesús, nuestro corazón».
El pasado 28 de junio del presente año, celebramos nuestra primera “Fiesta Diocesana”, en honor a nuestra santa patrona del “Inmaculado Corazón de María”, convocada por Mons. José de Jesús González, OFM., mediante el decreto de fecha 20 de enero 2025, se institucionalizó una fiesta patronal diocesana anual(28 junio), que incluye novenarios, peregrinaciones, charreadas, vigilia de oración, eucaristía solemne y convivencia cultural
Entre las disposiciones más destacadas del decreto se encuentran:
La celebración anual (28 de junio ) de una fiesta patronal diocesana solemne en honor al Inmaculado Corazón de María.
La publicación de un libro y devocionario oficial para fomentar la espiritualidad mariana en las parroquias.
La organización de encuentros decanales con fieles laicos para promover la devoción y su vivencia comunitaria.
La invitación a todos los agentes pastorales a impregnar sus comunidades con esta espiritualidad, como camino hacia la Sinodalidad y la paz.
Esta fiesta estuvo engalanada con la participación e fieles de toda la Diócesis de Chilpancingo- Chilapa, la Ordenación de 14 Diáconos Permanentes y la Promulgación del Plan Diocesano de Pastoral 2025-2029.
En esta celebración resalto la alegría y el jubilo de todo el pueblo de Dios, quien motivado por el Obispo Mons. José de Jesús González, celebramos esta naciente “Fiesta Diocesana”.
Durante la Celebración, el Obispo, remarco varios aspectos importantes:
La fiesta:
“Hay muchas expresiones de fiesta y entre nosotros hay “fiesteros”. En algunos lugares todavía guardan las tradiciones, hay un cargo que le llaman los fiesteros. Entonces dijimos, ¿cómo hacer júbilo, cómo hacer fiesta? Pues vamos a pedir a “los fiesteros” que hagamos una fiesta. Así entonces, la fiesta aquí está, esto es la máxima expresión que tenemos hasta ahora de una Fiesta Diocesana, una fiesta que enseñe, una fiesta que instruya, una fiesta que ayude a descansar, una fiesta que cure, que sane.”
14 Diáconos Permanentes
“La ordenación de los diáconos la teníamos programada en el día de los Diáconos, cuando los diáconos celebran su jubileo, el Jubileo de los diáconos a nivel internacional. Pero quisimos que mejor se pasara a esta fecha, a este día especial, y miren, estamos regalándole al corazón inmaculado de María 14 servidores, 14 diáconos, porque eso significa diáconos, servidores, servidores de un amor materno.
Qué dicha para los diáconos, para sus familias, y para toda la Diócesis. Tener 14 servidores que van a servir según el modelo del inmaculado corazón de María, que van a ser amor en el servicio a los mas necesitados.
Vamos a pedirle a la Inmaculada corazón de María que les dé una recicladita a su corazón, al corazón de cada una de sus familias, dicen los jóvenes, hay que resetear el corazón, el corazón de la familia, que agarre un nuevo brío, una nueva fuerza. Entonces, felicidades, a ustedes diáconos, felicidades a sus familias, que se prestan a este servicio, servicio de amor.
Servir como sirvió Jesucristo por amor, como sirvió la Virgen María por amor, y ahora que estamos en el santuario de los mártires, recordamos que por amor se entregaron al martirio y dieron un testimonio con su vida.
Les hemos pedido pues una obra social, porque es donde carecemos más en la iglesia, el clero, es en esa pastoral social, por lo que se les ha pedido a ustedes, 14 diáconos permanentes y a los otros 6 que ordenados anteriormente, para que nos que nos ayuden en esa pastoral social donde no alcanzamos a llegar por los sacramentos, por la palabra de Dios, por lo que ustedes ya traen su proyecto de pastoral social que estarán trabajando con el pueblo de Dios.”
Plan Diocesano de Pastoral 2025-2029
“El día de hoy vamos a promulgar el sexto plan de Pastoral Diocesano, donde les hemos pedido a todos su voz, su experiencia pastoral, para que quede impreso en nuestro Plan Diocesano de Pastoral.
Este plan, tiene la intención de incidir en la sociedad, ya que, si no incidimos en la sociedad no sirve el sexto plan de pastoral.
Tenemos 3 años desde que yo llegué, evaluando verdad nuestra pastoral, consultando a todos ustedes a través de los grupos, movimientos y comunidades, Párrocos, Parroquias, Decanatos y hasta por regiones pastorales, para poder “atinarle” y no desperdiciar esfuerzos, no perder recursos financieros, que no tenemos, no perder la vida inútilmente, sino que lo poquito que hagamos de los resultados esperados.
El Papa, en este año nos dice que nosotros debemos saber discernir los signos de los tiempos para poder actuar. Entonces tenemos como iglesia una misión, discernir estos acontecimientos históricos, y con la luz del Espíritu Santo, asumirlos y dar una respuesta, sobre todo allí donde no hay esperanza.
Llevemos esperanza, allí donde hay depresión, ánimo, allí donde hay odio, amor, allí donde hay guerra, paz, allí donde hay sufrimiento, consuelo.
Así debe ser verdad la iglesia nuestra y de todo México, porque está inspirado, así mismo en la pastoral nacional, en ese Proyecto Global de Pastoral donde queremos que se disminuyan y ojalá desaparezcan, los, los fallecidos a causa de guerras o a causa de LA violencia.
Toda nuestra acción pastoral, está orientada hacia la gran celebración del Jubileo de los 500 años de la aparición de la Virgen María de Guadalupe, donde queremos ofrecerle a ella, así como el indio Juan Diego le ofreció, una tilma llena de flores. Así nosotros le ofrezcamos para el 2031, un ayate lleno de las flores de nuestras buenas acciones y de comunidades vivas como rosas, como flores perfumadas, bonitas comunidades vivas.
Asi mismo queremos ofrecer nuestro plan pastoral, inspirados en los 2000 años de nuestra redención, Jesucristo, que se va a cumplir ya 2000 años de que murió de amor por nosotros.
El Jubileo 2025
Este jubileo debe marcar la pauta de los jubileos que vienen. Por eso, queridos hermanos y hermanas, no piensen que esto es un evento, nada más así, ocasional, NO, debe ser como una cultura del júbilo, vienen muchos jubileos, hay que disfrutarlos, hay que prepararlos, hay que vivirlos.
Que la Santísima Virgen siga guiando con su ejemplo y protección a esta amada porción del Pueblo de Dios en Guerrero.
La Comisión Episcopal para la Pastoral Liturgica pone a su disposición la propuesta de Monicion Inicial y la Oracion de los fieles, para este Domingo II de Cuaresma 2025, con el fin de unirnos como nacion y como iglesia en Oración Nacional por la paz. (AQUI PUEDES BAJAR EL SUBSIDIO COMPLETO EN FORMATO PDF)
Ciudad de México, a 10 de marzo de 2025
ASUNTO: “Oremos por la paz”
A TODO EL PUEBLO DE DIOS:
Reciban un cordial saludo. Hemos iniciado la Cuaresma, la cual nos invita a cultivar la relación con Dios, por tanto, dediquemos un tiempo a la oración personal y familiar, celebremos el sacramento de la reconciliación y participemos en la celebración Eucaristía dominical.
Ante la situación de dolor que estamos viviendo por la guerra que sufren varias naciones e incluso las diversas formas de violencia que padecemos en nuestro País, consideramos que es necesario releer el mensaje de la Cuaresma del Papa Francisco en este año jubilar: Caminemos juntos en la esperanza:
“La vocación de la Iglesia es caminar juntos, ser sinodales. Los cristianos están llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios. El Espíritu Santo nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir hacia Dios y hacia los hermanos, y nunca a encerrarnos en nosotros mismos. Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (cf. Ga 3,26-28); significa caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido. Vamos en la misma dirección, hacia la misma meta, escuchándonos los unos a los otros con amor y paciencia.
En esta cuaresma, Dios nos pide que comprobemos si en nuestra vida, en nuestras familias, en los lugares donde trabajamos, en las comunidades parroquiales o religiosas, somos capaces de caminar con los demás, de escuchar, de vencer la tentación de encerrarnos en nuestra autorreferencialidad, ocupándonos solamente de nuestras necesidades.
Preguntémonos ante el Señor si somos capaces de trabajar juntos como obispos, presbíteros, consagrados y laicos, al servicio del Reino de Dios; si tenemos una actitud de acogida, con gestos concretos, hacia las personas que se acercan a nosotros y a cuantos están lejos; si hacemos que la gente se sienta parte de la comunidad o si la marginamos. Esta es una segunda llamada: la conversión a la sinodalidad”.
Aprovechemos el tiempo de gracia que nos ofrece la Cuaresma y el Año Jubilar el cual nos permite hacer un alto en nuestra vida y escuchar la voz del Señor que nos invita a la conversión, a regresar a Él y con Él y en Él hacer todo. Con el ayuno y la caridad acerquémonos a los demás para tender la mano y caminar juntos.
Con el deseo de ser artesanos de unidad, de comunión, de solidaridad, manifestémonos como hijos de Dios y hermanos entre nosotros. En este tercer domingo del mes hagamos nuestra la intención nacional de pedir la paz en nuestra Patria y en el mundo entero.
Que nuestra Madre María de Guadalupe nos acompañe en este compromiso de caminar juntos, de vencer la autoreferencialidad, para seguir a su Hijo Jesús en su pasión, muerte y resurrección.
Unidos oramos y les bendigo:
Mons. Víctor SÁNCHEZ ESPINOSA Arzobispo de Puebla de los Ángeles Presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica
Pbro. Lic. Jonathan ARELLANO VERDEJO Secretario Ejecutivo CEPALI
Este documento ofrece material guía para la impartición de tres pláticas durante la semana por la vida 2025. Se propone que las pláticas se impartan el lunes, miércoles y viernes de dicha semana.
Las pláticas contienen material abundante. No es necesario impartirlo todo, sino que se puede seleccionar lo necesario o lo que se considere lo más valioso para la audiencia a la que se está impartiendo.Subsidio Completo en formato PDF
MENSAJE CON MOTIVO DE LA SEMANA POR LA VIDA 2025
La conciencia iluminada por la verdad nos lleva a hacer el bien
Guadalajara, Jal. A 25 de marzo del 2025
Queridos hermanos en Cristo,
Con profunda esperanza y amor en Cristo Resucitado, me dirijo a ustedes en esta Semana por la Vida, un tiempo de reflexión, oración y compromiso con el don precioso de la vida que Dios nos ha concedido. En un mundo marcado por sombras de muerte y desesperanza, la Iglesia nos recuerda que la vida es un don sagrado, que debe ser acogido, protegido, defendido y promovido (cf. EV, 5) con valentía. La esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5), como nos recuerda el Papa Francisco en la Bula Spes non confundit (SNC), nos impulsa a proclamar la dignidad de toda persona humana y a trabajar incansablemente por un México justo y reconciliado.
Hoy, en nuestra amada patria mexicana, enfrentamos una dolorosa realidad que hiere el corazón de nuestra sociedad, la cultura de la muerte y del descarte ha permeado en diversas formas, desde la despenalización y promoción del aborto, hasta el azote de la violencia descontrolada, la delincuencia organizada y el flagelo del narcotráfico que ha convertido regiones enteras en zonas de guerra. Estas manifestaciones de muerte, que se han ido instalando en nuestro país, amenazan la dignidad humana, deshumanizan nuestra convivencia y dejan una herida profunda en la conciencia de nuestro pueblo. “(San Pablo) sabe que la vida está hecha de alegrías y dolores, que el amor se pone a prueba cuando aumentan las dificultades y la esperanza parece derrumbarse frente al sufrimiento” (SNC, 4), por eso, la Iglesia nos invita a mirar el futuro con esperanza y reafirma su compromiso inquebrantable con la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural.
Esa oscuridad parece también afectar lo más hermoso que Dios nos ha regalado: nuestra conciencia. La conciencia es un “sagrario interior” donde Dios y nosotros conocemos la verdad de nuestras acciones e intenciones (GS, 16). Aquí y ahora, Cristo nos ilumina en nuestra conciencia para dar sentido a nuestra vida y abrirnos a los demás. Es en este espacio interior donde debemos formar una conciencia recta y verdadera, capaz de llamar bien al bien y mal al mal, rechazando cualquier engaño o falsedad que intente justificar el mal.
Sin embargo, la formación de la conciencia no es automática ni subjetiva; requiere ser educada en la luz del Evangelio, la razón natural y la enseñanza de la Iglesia. Como nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica: “Hay que formar la conciencia, y esclarecer el juicio moral. Una conciencia bien formada es recta y veraz. Formula sus juicios según la razón, conforme al bien verdadero querido por la sabiduría del Creador” (CEC, 1783). Esta educación de la conciencia exige apertura a la verdad, disposición para aprender de la doctrina de la Iglesia y un compromiso sincero con la búsqueda del bien.
Además, en tiempos donde la confusión busca debilitar la confianza y la esperanza, es aún más urgente fortalecer la conciencia con la verdad. “En lo íntimo de la conciencia moral se produce el eclipse del sentido de Dios y del hombre, con todas sus múltiples y funestas consecuencias para la vida […] no sólo porque tolera o favorece comportamientos contrarios a la vida, sino también porque alimenta la «cultura de la muerte», llegando a crear y consolidar verdaderas y auténticas «estructuras de pecado» contra la vida […] Cuando la conciencia, este luminoso ojo del alma (cf. Mt 6, 22-23), llama «al mal bien y al bien mal» (Is 5, 20), camina ya hacia su degradación más inquietante y hacia la más tenebrosa ceguera moral” (EV, 24). Una conciencia rectamente formada no es esclava de modas pasajeras, de lobbies ni de ideologías, sino que, iluminada por la verdad, nos lleva a reconocer la bondad de Dios y esperar incluso en momentos difíciles.
Por tanto, la formación de una conciencia recta y verdadera es un deber ineludible para cada cristiano. Es mediante la oración, el estudio de la Palabra de Dios, la enseñanza del Magisterio y la práctica de las virtudes que nuestra conciencia puede ser una luz que guíe nuestras decisiones. Así, con una conciencia iluminada por la verdad, podremos ser testigos auténticos de la vida y promotores de la esperanza en medio de la sociedad.
La esperanza cristiana, fundada en la Resurrección de Cristo, nos llama a no desfallecer, sino a ser testigos valientes de la vida. “Esta esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones” (Rm 5,5). En medio de las sombras, somos llamados a ser luz.
“La verdad ilumina la inteligencia y modela la libertad del hombre, que así es conducido a conocer y amar al Señor” (Veritatis splendor, 1). La Doctrina Social de la Iglesia nos invita a trabajar por la justicia y la paz, combatiendo las causas estructurales de la violencia y promoviendo la solidaridad. El Proyecto Global de Pastoral nos ofrece una visión clara: somos llamados a ser una Iglesia en salida, profética y misericordiosa, que acompañe el dolor de su pueblo y anuncie con valentía el Evangelio de la vida. ¡No estamos solos! Como nos recuerda Jesús: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).
En esta Semana por la Vida, unidos al Jubileo de la Esperanza, abramos nuestra conciencia a la luz de la verdad para ser mensajeros de la esperanza y la vida. Igualmente, alejémonos de la oscuridad de la mentira.
Frente a la cultura de la muerte y del descarte, nuestra respuesta debe ser un compromiso firme y decidido por la cultura de la vida y la dignidad humana. Esto implica:
Formar la conciencia, iluminada por la verdad. Es fundamental educarla en la luz del Evangelio y la enseñanza de la Iglesia para evitar caer en el error y la confusión moral.
Defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural. La Iglesia nos llama a velar por las personas en sus etapas vulnerables, especialmente a los no nacidos y a los ancianos. No podemos callar ante leyes injustas que atentan contra la dignidad humana. Como dijo San Juan Pablo II: “una nación que mata a sus hijos no tiene futuro”.
Promover la familia y la educación en valores. La familia es el primer ámbito donde se aprende a amar y respetar la vida. Es necesario fortalecer el matrimonio, la educación en la fe y los valores cristianos para que las nuevas generaciones crezcan en una cultura de respeto y solidaridad.
Combatir la violencia con la paz del Evangelio. No podemos resignarnos ante la violencia. La paz comienza en el corazón de cada persona y se construye con justicia. Como nos recuerda el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia: “la paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad” (CDSI, 494).
Acompañar a las víctimas de la violencia. Como Iglesia, estamos llamados a ser samaritanos que sanan las heridas de quienes han sufrido la violencia. La misericordia es un testimonio concreto de la esperanza cristiana.
Fortalecer la evangelización y el compromiso social. No basta con denunciar el mal, es necesario anunciar la Buena Nueva de Cristo. Debemos estar presentes en todos los espacios donde se necesite consuelo y acompañamiento.
Queremos ser mensajeros de la esperanza y de la vida, acogiendo con amor la maternidad. Seamos mensajeros de la esperanza y de la vida, acogiendo con amor al enfermo, débil y vulnerable. Acojamos a nuestros enfermos, particularmente a quienes se encuentran en la cercanía de resurrección de la vida en Cristo. Seamos mensajeros de la esperanza y de la vida, rehabilitando a quienes han caído en las garras del crimen. La dignidad humana se ha visto seriamente dañada por el secuestro, la extorsión y la violencia. Además, en este período debemos ser mensajeros de la esperanza y de la vida con los migrantes, como exhorta el Santo Padre.
Queridos hermanos, la situación que enfrentamos en México es desafiante, pero tenemos la certeza de que Dios camina con su pueblo, y nosotros estamos llamados a ser testigos y mensajeros de la esperanza y de la vida. Que la esperanza sea un faro que oriente nuestro caminar, porque sabemos que el Amor nos ha salvado y nos sostiene.
Oremos con confianza, comprometámonos con valentía y trabajemos juntos por un México donde la vida sea respetada y promovida en todas sus etapas. Pongamos esta Semana por la Vida en manos de Santa María de Guadalupe, Madre de la Vida, para que interceda por nosotros y nos ayude a ser constructores de una auténtica cultura de la vida.
Que el Señor les bendiga y les fortalezca en esta noble misión.
Mons. Ramón Salazar Estrada. Obispo Auxiliar de Guadalajara y Responsable de la Dimensión Episcopal de Vida.
Mensaje de los Obispos a la Sociedad Mexicana y a la Opinión Pública
«Un llamado a la unidad y corresponsabilidad por un futuro con esperanza»
Prot. No. 90/25
Como pastores de la Iglesia en México, movidos por nuestra solicitud pastoral y corresponsabilidad en la construcción del bien común, nos dirigimos a la Sociedad Mexicana y a la opinión pública:
Con esperanza iniciamos un nuevo periodo de gobierno a finales del 2024. La Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, como titular del Poder Ejecutivo Federal, primera mujer en ocupar el cargo en la historia del país, tiene la oportunidad de marcar la diferencia desde su mirada y sensibilidad propiamente femenina. Nos congratulamos con ella y reconocemos su mayor apertura al diálogo.