Buscar:
Nuevos Nombramientos Diocesanos 2026

Les comunicamos los nuevos nombramientos Diocesanos que a tenido a bien expedir Mons, José de Jesús González Hernández OFM. Obispo de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa. Enero de 2026

A LOS SEÑORES PRESBÍTEROS Y DIÁCONOS
Por el presente tengo a bien comunicar al presbiterio de esta Iglesia Particular que he designado estos nuevos nombramientos diocesanos a efectuarse en este mes de enero 2026.

  1. Pbro. Pablo Alarcón Velázquez,
    Lo he designado Vicario General y moderador de la Curia Diocesana y asumirá el oficio haciendo la Profesión de Fe el día martes 3 de febrero a las 12:00 hrs., en el Oratorio de la misma.
  2. Pbro. Juan José Brito Sotelo,
    Decano del Decanato de Santiago Apóstol, La Sierra.
  3. Pbro. Eduardo Ojeda Marchante,
    Director Diocesano de la Dimensión de la Juventud

    Que la Santa Virgen María nuestra Madre, interceda ante Dios, para que esta tarea que hoy les encomiendo sea fecunda para la Iglesia Diocesana.

    Chilpancingo de la Asunción, Gro., a 30 de enero del Año Jubilar Franciscano 2026

    Mons. José de Jesús González Hernández
    Obispo de Chilpancingo-Chilapa
portada domingo de la palabraa de Dios
SUBSIDIO | Domingo de la Palabra de Dios 2026

Aquí ponemos a su disposición un breve Resumen de la carta apostólica del Santo padre Francisco Aperuit illis (Domingo de la Palabra de Dios) con la que se instituye el Domingo de la Palabra de Dios y algunas APLICACIONES PASTORALES para vivir plenamente EL DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS el proximo 25 de Enero de 2026.

Documento completo en formato PDF al final del post…

RESUMEN

«Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras» (Lc 24,45). La relación entre el Resucitado, la comunidad de creyentes y la Sagrada Escritura es intensamente vital para nuestra identidad. Si el Señor no nos introduce es imposible comprender en profundidad la Sagrada Escritura, pero lo contrario también es cierto: sin la Sagrada Escritura, los acontecimientos de la misión de Jesús y de su Iglesia en el mundo permanecen indescifrables. San Jerónimo escribió con verdad: «La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo».

El Papa Francisco tuvo a bien, dedicar concretamente un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios y esto nos permite, sobre todo, hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable.

Por tanto, con esta Carta tengo la intención de responder a las numerosas peticiones que me han llegado del pueblo de Dios, para que en toda la Iglesia se pueda celebrar con un mismo propósito el Domingo de la Palabra de Dios.

El Concilio Ecuménico Vaticano II dio un gran impulso al redescubrimiento de la Palabra de Dios con la Constitución dogmática Dei Verbum.

Para aumentar esa enseñanza, Benedicto XVI convocó en el año 2008 una Asamblea del Sínodo de los Obispos sobre el tema “La Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia”, publicando a continuación la Exhortación apostólica Verbum Domini, que constituye una enseñanza fundamental para nuestras comunidades. En este Documento en particular se profundiza el carácter performativo de la Palabra de Dios, especialmente cuando su carácter específicamente sacramental emerge en la acción litúrgica.

Establezco, (dice el Papa Francisco) que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios. Este Domingo de la Palabra de Dios se colocará en un momento oportuno de ese periodo del año, en el que estamos invitados a fortalecer los lazos con los judíos y a rezar por la unidad de los cristianos.

Las comunidades encontrarán el modo de vivir este Domingo como un día solemne. En cualquier caso, será importante que en la celebración eucarística se entronice el texto sagrado, a fin de hacer evidente a la asamblea el valor normativo que tiene la Palabra de Dios. En este domingo, de manera especial, será útil destacar su proclamación y adaptar la homilía para poner de relieve el servicio que se hace a la Palabra del Señor. En este domingo, los obispos podrán celebrar el rito del Lectorado o confiar un ministerio similar para recordar la importancia de la proclamación de la Palabra de Dios en la liturgia.

Los párrocos podrán encontrar el modo de entregar la Biblia, o uno de sus libros, a toda la asamblea, para resaltar la importancia de seguir en la vida diaria la lectura, la profundización y la oración con la Sagrada Escritura, con una particular consideración a la lectio divina.

La Biblia no puede ser sólo patrimonio de algunos, y mucho menos una colección de libros para unos pocos privilegiados. Pertenece, en primer lugar, al pueblo convocado para escucharla y reconocerse en esa Palabra. La Palabra de Dios une a los creyentes y los convierte en un solo pueblo.

Los Pastores son los primeros que tienen la gran responsabilidad de explicar y permitir que todos entiendan la Sagrada Escritura.

La homilía, en particular, tiene una función muy peculiar, porque posee «un carácter cuasi sacramental». Ayudar a profundizar en la Palabra de Dios, con un lenguaje sencillo y adecuado para el que escucha, le permite al sacerdote mostrar también la «belleza de las imágenes que el Señor utilizaba para estimular a la práctica del bien».

Es necesario dedicar el tiempo apropiado para la preparación de la homilía. No se puede improvisar el comentario de las lecturas sagradas. A los predicadores se nos pide más bien el esfuerzo de no alargarnos desmedidamente con homilías pedantes o temas extraños.

Los catequistas, por el ministerio que realizan de ayudar a crecer en la fe, sientan la urgencia de renovarse a través de la familiaridad y el estudio de la Sagrada Escritura, para favorecer un verdadero diálogo entre quienes los escuchan y la Palabra de Dios.

En la escena de los discípulos de Emaús, nos hace comprender el inseparable vínculo entre la Sagrada Escritura y la Eucaristía. El contacto frecuente con la Sagrada Escritura y la celebración de la Eucaristía hace posible el reconocimiento entre las personas que se pertenecen.

El día dedicado a la Biblia no ha de ser “una vez al año”, sino una vez para todo el año, porque nos urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el Pan en la comunidad de los creyentes. 

La Sagrada Escritura y los Sacramentos no se pueden separar. Cuando los Sacramentos son introducidos e iluminados por la Palabra, se manifiestan más claramente como la meta de un camino en el que Cristo mismo abre la mente y el corazón al reconocimiento de su acción salvadora.

En la Segunda Carta a Timoteo, que constituye de algún modo su testamento espiritual, san Pablo recomienda a su fiel colaborador que lea constantemente la Sagrada Escritura.

El innegable fundamento histórico de los libros contenidos en el texto sagrado no debe hacernos olvidar esta finalidad primordial: nuestra salvación. Todo está dirigido a esta finalidad inscrita en la naturaleza misma de la Biblia, que está compuesta como historia de salvación en la que Dios habla y actúa para ir al encuentro de todos los hombres y salvarlos del mal y de la muerte.

El papel del Espíritu Santo en la Sagrada Escritura es fundamental. Sin su acción, el riesgo de permanecer encerrados en el mero texto escrito estaría siempre presente, facilitando una interpretación fundamentalista, de la que es necesario alejarse para no traicionar el carácter inspirado, dinámico y espiritual que el texto sagrado posee.

La Sagrada Escritura realiza su acción profética sobre todo en quien la escucha. Causa dulzura y amargura. Vienen a la mente las palabras del profeta Ezequiel cuando, invitado por el Señor a comerse el libro, manifiesta: «Me supo en la boca dulce como la miel» (3,3). También el evangelista Juan en la isla de Patmos evoca la misma experiencia de Ezequiel de comer el libro, pero agrega algo más específico: «En mi boca sabía dulce como la miel, pero, cuando lo comí, mi vientre se llenó de amargor» (Ap 10,10).

La dulzura de la Palabra de Dios nos impulsa a compartirla con quienes encontramos en nuestra vida para manifestar la certeza de la esperanza que contiene (cf. 1 P 3,15-16). Por su parte, la amargura se percibe frecuentemente cuando comprobamos cuán difícil es para nosotros vivirla de manera coherente, o cuando experimentamos su rechazo porque no se considera válida para dar sentido a la vida.

Que el domingo dedicado a la Palabra haga crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura, como el autor sagrado lo enseñaba ya en tiempos antiguos: esta Palabra «está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que la cumplas» (Dt 30,14).

Pbro. Agustín Beltrán Flores
Dimensión De La Animación Bíblica De La Pastoral

APLICACIONES PASTORALES PARA EL DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS

La carta apostólica en forma de motu proprio «Aperuit illis» del Papa Francisco instituye el Domingo de la Palabra de Dios (el III Domingo del Tiempo Ordinario) y promueve una familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura en la vida pastoral de la Iglesia.

Las aplicaciones pastorales principales incluyen:

En la Liturgia

  • Valorización del Domingo de la Palabra de Dios: Celebrar este domingo de manera solemne, dedicando un énfasis especial a la proclamación y la homilía, para que los fieles capten la belleza de la Palabra de Dios.
  • Dignidad de la proclamación: Asegurar que la proclamación de las lecturas durante la Misa sea realizada por lectores preparados (no cualquier laico) y con la debida dignidad, reconociendo que es Cristo mismo quien habla.
  • Preparación de la homilía: Los pastores tienen la gran responsabilidad de explicar y permitir que todos entiendan la Sagrada Escritura a través de homilías bien preparadas que relacionen la Palabra con la vida diaria de los fieles.
  • Entronización de la Biblia: Fomentar gestos simbólicos, como la entrega de la Biblia a los fieles o la entronización de la Sagrada Escritura durante la celebración, para resaltar su importancia. 

En la Catequesis y Formación

  • Estudio profundo de la Biblia: Invitar a los catequistas, sacerdotes y agentes de pastoral a familiarizarse, estudiar y meditar asiduamente la Escritura para poder transmitirla eficazmente.
  • Formación bíblica continua: Promover cursos, seminarios y grupos de estudio bíblico en las parroquias y comunidades para ayudar a los fieles a profundizar en su comprensión de la Palabra de Dios.
  • Vincular Escritura y Tradición: Enseñar que la Sagrada Escritura y la Tradición son la única fuente de la revelación y se complementan mutuamente. 

En la Vida Cotidiana y Caridad

  • Lectura, reflexión y oración diaria: Animar a los fieles a leer, meditar y orar con la Biblia en su vida diaria, no solo durante la liturgia.
  • Vínculo entre Palabra y Caridad: Subrayar que la Palabra de Dios señala la misericordia del Padre e impulsa a vivir la caridad y el servicio a los demás, especialmente a los más desfavorecidos.
  • Dimensión ecuménica: Reconocer el valor ecuménico de la Palabra de Dios, que une a los cristianos de diversas denominaciones en torno a la misma Escritura. 

En resumen, el motu proprio es una «oportunidad pastoral» para revitalizar la proclamación cristiana y asegurar que la Sagrada Escritura no se quede «recogiendo polvo», sino que sea una fuente viva y constante de la fe y la acción eclesial. 

Aqui puede bajar el documento completo en formato PDF.

Aqui puedes bajar otros subsidios

¡En construccion!

Sufrimos una ataque a nuestro servidor… estamos trabajando en restaurar nuestros servicios.

Gracias por su comprension … Dios les bendiga y les guarde…

Te damos la bienvenida a la página Oficial de la Diocesis de Chilpancingo-Chilapa.

«Les pedimos disculpas, estamos en proceso de mantemimiento.»