PROPIOS DE LA MISA | SOLEMNIDAD DEL “SAGRADO CORAZON DE JESUS”

PROPIOS DE LA MISA SOLEMNIDAD DEL “SAGRADO CORAZON DE JESUS

27 de junio 2025

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ANTÍFONA DE ENTRADA

Los proyectos de su corazón subsisten de generación en generación, para librar de la muerte a sus fieles y reanimarlos en tiempo de hambre. (Sal 32, 11. 19).

Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA.

Señor Dios, que en tu misericordia te dignas enriquecernos con los infinitos tesoros del amor del Corazón de tu Hijo, traspasado por nuestros pecados, concédenos que, al presentarte el fervoroso homenaje de nuestra devoción, cumplamos también con el deber de una digna reparación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Ezequiel 34, 11-16

Esto dice el Señor Dios: “Yo mismo iré a buscar a mis ovejas y velaré por ellas. Así como un pastor vela por su rebaño cuando las ovejas se encuentran dispersas, así velaré yo por mis ovejas e iré por ellas a todos los lugares por donde se dispersaron un día de niebla y de oscuridad.

 Las sacaré de en medio de los pueblos, las congregaré de entre las naciones, las traeré a su tierra y las apacentaré por los montes de Israel, por las cañadas y por los poblados del país. Las apacentaré en pastizales escogidos, y en lo alto de los montes de Israel tendrán su aprisco; allí reposarán en buenos prados, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel.

Yo mismo apacentaré a mis ovejas; yo mismo las haré reposar, dice el Señor Dios. Buscaré a la oveja perdida y haré volver a la descarriada; curaré a la herida, robusteceré a la débil, y a la que está gorda y fuerte, la cuidaré. Yo las apacentaré en la justicia”. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL             

R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.

L. El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas. R

L. Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad. R.

L. Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes. R.

L. Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término. R.

SEGUNDA LECTURA

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 5, 5b-11

Hermanos: Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado.

En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.

Con mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucha más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su Hijo. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación. Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO    Jn 10, 14

R. Aleluya, aleluya. Yo soy el buen pastor, dice el Señor, yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. R. Aleluya.

EVANGELIO (Lc 15, 3-7).

Del santo Evangelio según san Lucas 

  • Gloria a tí, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y a los escribas esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’.

Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse”. Palabra del Señor.

  • Gloria a tí, Señor Jesús.

PISTAS PARA LA HOMILÍA:

El 27 de diciembre de 1673, día de san Juan Apóstol, Margarita María de Alacoque, quien tenía sólo 14 meses de profesa y 26 años de edad, estaba como de costumbre arrodillada ante el Señor en el Santísimo Sacramento, expuesto en la capilla del convento de La Visitación. Era el momento de la primera gran revelación del Señor a la futura santa.

“Mi Divino Corazón –le dijo el Señor a Margarita María– está tan apasionado de Amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en él las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo, los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición. Te he elegido como un abismo de indignidad y de ignorancia, a fin de que seas todo obra mía”.

Desde ese instante y hasta nuestros días –en que va creciendo– la devoción al Sagrado Corazón de Jesús no ha dejado de ganar devotos, gente común y sencillísima, gente encumbrada y de graves responsabilidades, todos quieren seguir la indicación de la jaculatoria que reza así: “Jesús, manso y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al tuyo”. Se trata de una semejanza. No de una igualdad.

El filósofo católico Dietrich von Hildebrand señala que a esta oración “se aplica todo lo que sabemos sobre el sentido de la imitación de Cristo”. Y más
adelante indica que “la transformación en Cristo que implica esta imitación consiste en hacernos santos”. Es el ethos cristiano; la forma de ser que Dios quiere de nosotros y que santa Margarita María lo dejó dicho de esta manera: “Como el amor hace uno a los amantes, si quieres ser amado de Jesús has de ser manso como Él, y humilde como Él.”

No fue hasta el 11 de junio de 1899, dentro del mes dedicado al Sagrado Corazón, cuando un Papa, en este caso el Papa León XIII, consagró la humanidad al Sagrado Corazón de Jesús. Unos días antes, el 25 de mayo del mismo año, había publicado la encíclica Annum Sacrum (refiriéndose al Año Santo de 1900).

En ella escribió: “El Corazón divino es símbolo e imagen viva del infinito amor de Jesucristo, que nos impulsa a pagarle también con amor”.

La idea de consagrar el mundo y toda la humanidad al Corazón de Jesús surgió 25 años antes, con motivo de las conmemoraciones en el segundo centenario de la canonización de santa Margarita María de Alacoque. En aquel entonces, siendo Papa Pío IX, miles de personas de toda clase y condición, incluidos Obispos, solicitaban al Papa, incesantemente, realizar una consagración de la humanidad al Sagrado Corazón.

León XIII lo hizo. Y llegó a considerar éste como el acto más importante de su largo pontificado. Su argumentación es sublime: “Puesto que el Sagrado Corazón es el símbolo y la imagen sensible de la caridad infinita de Jesucristo, caridad que nos impulsa a amarnos los unos a los otros, es natural que nos consagremos a este corazón tan santo.

Obrar así es darse y unirse a Jesucristo, pues los homenajes, señales de sumisión y de piedad que uno ofrece al divino Corazón, son referidos realmente y en propiedad a Cristo en persona”. Cien años después, san Juan Pablo II, recordando la Consagración de León XIII, y renovándola, escribió: “La contemplación del Corazón de Jesús en la Eucaristía estimulará al creyente a buscar en ese Corazón el misterio inagotable del sacerdocio de Cristo y de la Iglesia.

Le permitirá saborear, en comunión con sus hermanos y hermanas, la dulzura espiritual de la fuente de la caridad. El ayudar a todos a redescubrir su propio Bautismo le hará más consciente de tener que vivir su dimensión apostólica al difundir amor y participar en la misión de evangelizar”.

Se dice credo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Mira, Señor, el inefable amor del Corazón de tu Hijo amado, para que este don que te ofrecemos sea agradable a tus ojos y sirva como expiación de nuestros pecados. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO: Inmenso amor de Cristo.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. El cual, con inmenso amor, se entregó por nosotros en la cruz e hizo salir sangre y agua de su costado herido, de donde habrían de brotar los sacramentos de la Iglesia, para que todos los hombres, atraídos hacia el corazón abierto del Salvador, pudieran beber siempre, con gozo, de la fuente de la salvación. Por eso, con todos los ángeles y los santos te alabamos, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo…

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN      Jn 19, 34

Uno de los soldados le traspasó el costado con su lanza, e inmediatamente salió sangre y agua.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.

Señor y Padre nuestro, que este sacramento de amor nos haga arder en santo afecto, de modo que, atraídos siempre hacia tu Hijo, sepamos reconocerlo en nuestros hermanos. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.