SEGUIR A JESÚS EN EL DESIERTO | LA RECONCILIACION

II. SEGUIR A JESÚS EN EL DESIERTO | LA RECONCILIACION (Pbro. Jorge Amando Vázquez). Los sacramentos de la iniciación cristiana en nuestro ser y en toda nuestra vida nos exige entrar en nosotros mismos.

Encontrarse de verdad con Dios requiere vigilar las pulsiones irreflexivas, dominarse a uno mismo y controlar los pensamientos y la imaginación.

Dios nos saca de Egipto, emprender una larga y ardua marcha por el árido desierto de nuestro corazón hasta la Tierra prometida de su amor.

El templo de nuestro corazón solo se construye con:

1. EL SILENCIO

2. LA ORACIÓN

3. LA PENITENCIA

EL SILENCIO

Las tentaciones de Jesucristo sólo son vencidas con la Palabra de Dios.

“La Sagrada Escritura no es otra cosa que el testimonio divino de Cristo, entonces su lectura y su meditación han de ser para mí el medio más seguro de discernir la voluntad concreta de Dios sobre mi vida y mi destino tal y como Dios lo concibe”. (Henri de Lubac)

El Antiguo Testamento es una palabra dirigida a un pueblo del que hay que arrancar la mentalidad pagana y politeísta de la Antigüedad: algo que no se puede dar por superado en nuestro mundo moderno que, nuevamente pagano y sometido a sus propios ídolos, niega la diferencia entre el bien y el mal.

Con la Palabra podemos sembrar piedras o semillas.

La palabra «sembrar» en este contexto se refiere al impacto que la palabra de Dios pueden tener.

Resalta el poder y la responsabilidad que conlleva proclamar la Palabra de Dios:

Propósito y Uso Correcto: La Palabra de Dios, cuando se usa adecuadamente, puede sembrar «semillas» de fe, esperanza y amor, guiando a las personas hacia una vida más cercana a los preceptos divinos.

Manejo Inapropiado: Por otro lado, un mal uso o interpretación de la Palabra de Dios puede sembrar «piedras», causando confusión, división y alejamiento de la verdadera fe. Esto se alinea con la importancia de la correcta exégesis y el respeto a la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

Edificación vs. Destrucción: La enseñanza católica enfatiza que la Palabra de Dios debe usarse para edificar y construir una comunidad de fe sólida, no para destruir o dividir.

En resumen, la frase subraya la influencia poderosa de la Palabra de Dios y la necesidad de usarla con sabiduría y fidelidad, tal como lo enseña la Iglesia. Tu opinión, ¿cómo influye esto en tu práctica de la fe diaria?

La Sagrada Escritura es el alimento del alma.

En este contexto podemos entenderla de varias maneras significativas:

  1. Es nuestro Alimento Espiritual: Así como el cuerpo necesita alimento físico para mantenerse fuerte y saludable, el alma necesita la Palabra de Dios para crecer espiritualmente y mantenerse en el camino correcto.
  2. Es nuestra Guía Moral y Espiritual: La Sagrada Escritura proporciona orientación y sabiduría para vivir una vida en armonía con la voluntad de Dios, actuando como un mapa espiritual.
  3. Es Fuente de Vida: La Escritura es vista como una fuente de vida eterna, ofreciendo consuelo, esperanza y promesas divinas a cada uno de nosotros como creyentes.
  4. Es un medios Transformación Personal: A través de la lectura y meditación en las Escrituras, los fieles experimentan una transformación interior, acercándose más a Dios y reflejando mejor Su amor en sus vidas diarias.

En resumen, las Escrituras alimentan y sostienen el alma, de la misma manera que el pan sustenta el cuerpo, según la enseñanza católica. ¿Te sientes inspirado por algún pasaje en particular?

LA ORACIÓN

Solemos estar tan sobrecargados de trabajo, de actividades, de obligaciones urgentes y de preocupaciones de todo tipo que ni encontramos, ni buscamos tiempo para la oración.

La oración ha de ser un acto de amor que nos lleva a dejarlo todo en manos de Dios para que todo lo que pueda ser simplificado, purificado y transfigurado por Él.

Dedicar tiempo a rezar en medio de las urgencia y las preocupaciones materiales que quieren reducirnos a la esclavitud, es un forma de dar prioridad a Dios.

Sin oración en la Iglesia: nuestro siglo desembocará en la noche espiritual y la barbarie científica.

La única fuerza verdaderamente “civilizadora” es la Iglesia que ora.

¿por qué la oración posee un poder tan grande? Porque, una vez más, no es actividad del hombre, sino actividad de Dios en el hombre.

Jesús, Ejemplo de Oración: El Padrenuestro

La oración es una piedra angular en la vida espiritual del creyente cristiano, y no hay mejor ejemplo de esto que la vida de Jesús mismo. A través de sus enseñanzas y acciones, Jesús mostró a sus seguidores la importancia y el poder de la oración.

El Contexto del Padrenuestro

El Padrenuestro, también conocido como la Oración del Señor, se encuentra en dos lugares del Nuevo Testamento: Mateo 6:9-13 y Lucas 11:2-4. En ambos pasajes, Jesús ofrece esta oración como un modelo para sus discípulos. Este hecho subraya la importancia de su contenido y estructura.

La oración comienza con una invocación reverente: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre». Esta apertura reconoce la santidad y la soberanía de Dios. Siguiendo esta invocación, Jesús enseña a sus discípulos a pedir que el reino de Dios venga y que se haga su voluntad en la tierra como en el cielo, recordándonos la importancia de estar abiertos a la voluntad de Dios.

El Padrenuestro también aborda las necesidades humanas diarias: «Danos hoy el pan nuestro de cada día». Este pedido refleja una dependencia continua de Dios para las provisiones diarias, tanto materiales como espirituales.

Además, la oración incluye una petición crucial de perdón: «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Aquí, Jesús vincula el perdón recibido de Dios con el perdón que extendemos a los demás, subrayando la necesidad de reconciliación y apertura a la misericordia de Dios y finalmente concluye con una súplica por protección y guía: «No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal». Estas palabras demuestran la conciencia de Jesús sobre las pruebas y tribulaciones que enfrenta y enfrentaremos nosotros y su deseo de que busquemos activamente la ayuda divina para mantenernos firmes en la fe.

LA PENITENCIA Y LA RECONCILIACION.

El Desierto, la Lucha Espiritual y la Penitencia

Dentro de la doctrina y el magisterio de la Iglesia Católica, el desierto se presenta como un escenario crucial para la lucha espiritual y la práctica de la penitencia, ofreciendo a los fieles un camino hacia la santidad y la conversión.

Desde las narrativas bíblicas hasta las enseñanzas de los Padres de la Iglesia, el desierto ha ocupado un lugar central en el desarrollo espiritual. El Éxodo de los israelitas y los cuarenta años en el desierto no solo representan un viaje físico hacia la Tierra Prometida, sino también un proceso de purificación y dependencia total en Dios. De manera similar, los cuarenta días de Jesús en el desierto, enfrentando las tentaciones de Satanás, subrayan la importancia del desierto como un lugar de prueba y fortalecimiento espiritual.

Según el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC 2846), Jesús nos enseña a pedir la gracia del Espíritu Santo para discernir entre las pruebas que nos llevan al crecimiento espiritual y las tentaciones que nos llevan al pecado.

La penitencia, como acto de arrepentimiento y búsqueda de reconciliación con Dios, es profundamente valorada en la doctrina católica. Los actos penitenciales, que pueden incluir el ayuno, la oración y las obras de caridad, son vistos como medios para purificar el alma y reparar los pecados.

Finalmente, el desierto es visto como un lugar de encuentro profundo y transformador con Dios.

UN SACRAMENTO PARA LA CONVERSIÓN

Nunca podremos vivir plenamente nuestra vida cristiana si no dejamos que Dios nos libere de nuestro pecado. El sacramento de la penitencia.

Hemos de pedir a Dios con perseverancia la gracia de nuestra conversión. Hay, en la actualidad, una pérdida del sentido del pecado. Redescubriendo el verdadero sentido del arrepentimiento

El arrepentimiento es escaso, en lugar de reconocernos pecadores, acusamos a los demás, nos proclamamos víctimas de nuestra herencia, del entorno, de la sociedad, de los políticos, del gobierno o de determinadas categorías profesionales.

Beneficios de la confesión: El amor y la misericordia de Dios.