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EL ADVIENTO UN TIEMPO DE ESPERA GOZOSA.

EL ADVIENTO EN LA VIDA DE LA IGLESIA COMO UN TIEMPO DE ESPERA GOZOSA A LA NAVIDAD.

El Adviento constituye uno de los tiempos litúrgicos más ricos y profundos de la Iglesia Católica. Su nombre proviene del latín adventus, que significa “venida”, y expresa la expectativa de la visita de Dios a su pueblo. No se trata únicamente de la preparación para la Navidad, sino de un tiempo que abraza tres dimensiones esenciales de la fe cristiana: la memoria del nacimiento del Señor, la preparación espiritual para su venida sacramental y diaria, y la esperanza escatológica de su retorno glorioso al final de los tiempos.

A lo largo de la historia, el Magisterio de la Iglesia ha iluminado el sentido del Adviento a través de documentos como el Catecismo de la Iglesia Católica, las Constituciones del Concilio Vaticano II, especialmente Sacrosanctum Concilium y Lumen Gentium, así como encíclicas y homilías de diversos pontífices.

En este articulo solo abarcaremos algunos elementos, para su comprensión total, les invitamos a visitarnos en nuestra página de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa. www.chilpancingochilapa.org.

Ahí desarrollaremos una comprensión integral del Adviento en sus dimensiones teológica, doctrinal y espiritual, mostrando cómo este tiempo se inserta en la economía de la salvación y en la vida concreta del creyente.

I. Fundamento Teológico del Adviento

El Adviento como tiempo de espera mesiánica

Desde su origen, el Adviento se arraiga en la expectativa del Mesías anunciada en las Escrituras. Los profetas —particularmente Isaías, Miqueas y Zacarías— anuncian la llegada de un Salvador que traerá la paz y restaurará la relación entre Dios y la humanidad. Pasajes como Is 7,14 (“He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo”) e Is 9,1-6 (“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz”) han sido centrales en la liturgia y en la espiritualidad del Adviento.

La Iglesia contempla estos textos no como recuerdos del pasado, sino como parte de un dinamismo permanente de la historia de la salvación.

El Adviento hunde sus raíces en la espera mesiánica del pueblo de Israel, una espera que se extiende desde las primeras páginas del Génesis hasta Juan el Bautista. La Iglesia revive esta espera como una pedagogía espiritual que conduce al encuentro con Cristo.

Una mirada Desde el Protoevangelio hasta las promesas patriarcales

Tras el pecado original, Dios pronuncia la primera promesa de salvación: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; ella te aplastará la cabeza” (Gn 3,15).

Los Padres de la Iglesia leyeron este versículo como anuncio del Mesías y de su Madre. San Ireneo comentaba: “Así como por la desobediencia de una virgen el hombre cayó, también por la obediencia de una virgen el hombre es levantado” (Adversus Haereses, III, 22,4).

Con Abraham la promesa se universaliza: “En ti serán bendecidas todas las naciones de la tierra” (Gn 22,18).

San Pablo interpreta esta promesa como anuncio directo de Cristo (Gal 3,16), fundamento de la espera mesiánica.

La esperanza davídica

Dios promete a David un rey cuyo trono durará para siempre (2 Sam 7,12-16). La liturgia del Adviento retoma estos textos cada año, reconociendo en Jesús al descendiente esperado.

El profeta Isaías anuncia la llegada de un rey justo y pacífico: “Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado… y su nombre será Príncipe de la Paz” (Is 9,5-6).

Isaías es, de hecho, la voz profética central del Adviento.

Los profetas: pedagogía de la esperanza

La espera mesiánica fue moldeada por siglos de enseñanza profética. Los textos más significativos incluyen:

Is 7,14: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.”

Mi 5,2: “De ti, Belén, saldrá el que debe gobernar a Israel.”

Jer 23,5: “Suscitaré a David un vástago justo.”

La liturgia del Adviento nos introduce en este proceso de maduración espiritual. El Concilio Vaticano II afirma que Dios “preparó mediante los profetas el camino del Evangelio” (Dei Verbum 3).

Juan el Bautista: el Precursor

El Adviento presenta a Juan el Bautista como figura clave. Él proclama: “Preparad el camino del Señor y enderezad sus sendas” (Mt 3,3).

El Catecismo recuerda que en el Adviento la Iglesia “vuelve a escuchar la llamada de Juan Bautista a la conversión” (CIC 524). Su predicación define la actitud espiritual del Adviento: vigilancia, austeridad y conversión.

Dimensión teológica: Dios toma la iniciativa

Toda esta espera no nace del deseo humano, sino de la iniciativa divina. Dei Verbum enseña: “Dios habló a los hombres como amigos, movido por su gran amor” (DV 2).

La espera mesiánica se basa en la fidelidad de Dios, no en esfuerzos humanos.

Dimensión patrística de la espera

Los Padres de la Iglesia profundizan esta realidad:

San Agustín: “Toda la vida del cristiano es un santo deseo” (In I Ioannis, 4,6).
El Adviento educa el deseo del corazón.

San Ireneo: “Cristo recapitula en sí toda la historia” (Adversus Haereses, III, 18,1).
La espera mesiánica encuentra en Cristo su cumplimiento.

San Ambrosio: “María es el modelo de todo creyente que lleva a Cristo en su interior” (Expositio in Lucam, II, 26). María encarna la espera perfecta.

Dimensión litúrgica: actualización de la espera

El Catecismo enseña: “La Iglesia celebra cada año la espera mesiánica compartiendo la preparación para la primera venida y renovando el ardiente deseo de la segunda venida de Cristo” (CIC 524).

La liturgia no recuerda un pasado: hace presente la esperanza.

QUE PODEMOS HACER EN MI COMUNIDAD Y MI FAMILIA, PARA VIVIR ESTE ADVIENTO?

a) Recuperar el sentido cristiano de la espera

El Adviento no es activismo litúrgico; es una pedagogía de la espera.
Inviten a la comunidad y/o a la familia a preguntarse:

  • ¿Qué espero realmente hoy del Señor?
  • ¿Qué áreas de mi vida necesitan que Cristo nazca allí?
  • ¿Qué deseos espirituales debo despertar?

b) Fomentar silencio y oración

El Papa Francisco recuerda que Adviento es tiempo para “hacer espacio en nuestro corazón para Aquel que viene”.
Practicar como comunidad y/o familia:

  • Momentos de silencio antes de la misa.
  • Jornada semanal de adoración.
  • Breves jaculatorias durante el día: “Ven, Señor Jesús”.

c) Confesión y reconciliación

Adviento es camino de conversión.
Organizar y/o participar en familia:

  • Celebraciones penitenciales comunitarias.
  • Horarios amplios de confesión, especialmente en semanas 2 y 3

Continuaremos…

felicitación Mons. José de Jesús Gonzáles
Felicidades Mons. José de Jesús González Hernández OFM

¡¡¡ Felicidades Mons. José de Jesús Gonzáles Hernández OFM, en su nueva encomienda. !!!

Al conocer la noticia de la confirmación de parte del Sumo Pontífice León XIV de usted como miembro del Dicasterio para la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa y en especial la Dimensión de Vida Consagrada que transita en ella, no puede menos que agradecer al Señor de la Vida y de la Historia, por este nombramiento.

Su presencia en dicho Dicasterio es para la Iglesia particular de Chilpancingo- Chilapa y para la Iglesia Universal un motivo de alegría porque de esta manera se enriquece el apoyo que la Iglesia brinda a los consagrados y a las sociedades de vida apostólica.

Elevamos nuestra pobre oración para que el Espíritu Santo le ilumine y que María de Guadalupe nuestra Madre lo acompañe en su caminar en esta nueva encomienda.

Dios lo bendiga y le guarde.

Resumen 1 Exhortación Apostólica Dilexi te …“Te he amado”

La «Exhortación Apostólica Dilexi te» del Papa León XIV, publicada el 4 de octubre de 2025, es un documento extenso y profundo sobre el “amor hacia los pobres”, presentando una reflexión teológica, histórica y pastoral sobre la opción preferencial por los pobres en la vida de la Iglesia y de los cristianos.

El Papa León XIV ha promulgado recientemente esta Exhortación Apostólica en clara continuidad con el magisterio del Papa Francisco. Y tal vez esto es lo primero que debemos destacar.

Lo primero que hay que decir sobre el Dilexi te es que incluso en el título es una reminiscencia de todo el camino que recorrió el Papa Francisco. Efectivamente, la última Exhortación Apostólica de Papa Francisco fue Dilexi nos, que significa “nos ha amado”.

El verbo deligere es un verbo entrañable en la lengua latina que significa precisamente eso, amar y amar de corazón, amar de manera integral y profunda. La Exhortación Apostólica del Papa Francisco, Dilexi nos hace referencia en tercera persona al amor que nos ha tenido, concretamente el amor que nos ha tenido el corazón de Jesús. Es la gran Exhortación Apostólica del Papa Francisco sobre el corazón de Jesús.

Y esto hay que recordarlo porque es una es una palabra que nos pone en las entrañas mismas del mensaje de la escritura y en las entrañas mismas del evangelio. Es el amor concretamente el amor compasivo, el amor misericordioso de Dios, el que hace posible que nosotros seamos transformados por su gracia y que entremos en amistad y en unión con él. Todo es fruto de ese amor.

“TE HE AMADO”

El documento comienza evocando el mensaje bíblico de Apocalipsis 3,8-9, donde Jesús declara su amor a la comunidad cristiana de Filadelfia, pobre y despreciada, destacando que el contacto con los pobres es fundamental para entender el corazón de Cristo y su amor entregado hasta el final (Ap 3,9; Lc 1,52-53).

Esta idea que es muy frecuente en el evangelio y que está en toda la Biblia y es la fuerza de interpelación que tiene el pobre para todo ser humano, pero muy particularmente para nosotros los cristianos. ¿Qué significa interpelar? etimológicamente significa interrumpir. El pobre, el necesitado, se pone en medio de nuestro camino.

Podemos recordar la parábola del buen samaritano, por ejemplo.

Se pone en nuestro camino como una especie de interrogante. Parece un obstáculo. Es alguien que me interrumpe, es algo que me cuestiona, es algo es una realidad, quiero decir, no, no es un algo de objeto, es una realidad que interrumpe el curso de mis pensamientos, de mis planes, de mis proyectos.

Creo que la imagen más clara, insisto, es la del buen samaritano, que fue tan querida y tan predicada por el Papa Francisco.

El Papa León, en continuidad con su la Exhortación Apostólica del Papa Francisco, Dilexi nos, elaboró este texto para subrayar la conexión entre el amor de Cristo y el llamado a acercarse a los pobres, destacando que reconocer al pobre es reconocer el mismo corazón de Cristo.

Se explica que el amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables, y que amar a los pobres es una expresión concreta de la autenticidad del amor a Dios, fundamentando esta enseñanza en textos bíblicos como Mt 25,40; 1 Jn 4,20; Mc 12,29-31).

Entonces, el Papa León nos está exhortando a que nosotros nos dejemos interrumpir, a que nosotros le demos importancia a esa interpelación, a que salgamos de nuestras burbujas, a que salgamos de nuestra autorreferencialidad. ¿Qué significa una vida autorreferente? Significa una vida en la que yo únicamente me juzgo por mis propios criterios y seguramente es algo aprobado y seguramente desde mi propio criterio yo soy magnífico y desde mi propio criterio soy muy bueno y probablemente ya casi me estoy canonizando yo mismo. Pero todo eso es autorreferencialidad.

Estoy mirándome únicamente a mí mismo. Es una burbuja que tiene solamente un espejo por dentro.

El grito, el dolor del pobre rompe esa burbuja. El dolor del pobre rompe esa autorreferencialidad y en cierto sentido me obliga a mirar más allá.

La historia de la Iglesia muestra una constante atención a los pobres, desde los primeros cristianos, quienes organizaban ayuda a viudas y necesitados (Hch 6,1-6), hasta los Padres de la Iglesia que consideraban la caridad hacia los pobres como expresión vital de la fe (San Ignacio de Antioquía, San Juan Crisóstomo, San Agustín).

Y para sorpresa de algunos, el Papa León relanza, vuelve a plantear delante de la Iglesia, delante de la humanidad entera, una expresión que se ha utilizado bien y mal. En este caso, por supuesto, el Papa quiere darle la mejor aplicación. Esa expresión es opción por los pobres, opción preferencial por los pobres.

“LA OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES”

El documento de Aparecida de nuestros obispos de América Latina y el Caribe hablaba de una opción evangélica, según el evangelio por los pobres. Pues, ese es un punto fundamental que no se puede descartar en lo que nos ofrece el Papa León en Dilexi te, es necesario volver a hablar de la opción por los pobres con un criterio teológico muy bello y es que como nos enseña el Nuevo Testamento, tanto en las palabras de Cristo como en los documentos de los apóstoles, el amor a Dios y el amor al prójimo Aunque son distintos, y eso también hay que decirlo, son inseparables.

Se expone la vocación de la Iglesia como madre de los pobres y el testimonio de santos como San Francisco de Asís, Santa Teresa de Calcuta y otros, quienes vivieron una solidaridad con los pobres, no solo desde la beneficencia, sino desde un compromiso profundo y profético.

) Es decir, cuidémonos de dos tentaciones. Una tentación es mezclar, confundir el amor a Dios y al prójimo. Por ejemplo, imaginándonos que si yo tengo una vida muy espiritual, ya con eso cumplí con el amor al prójimo. O si yo tengo una vida de gran compromiso social, ya ahí está todo el amor que yo le debí a Dios.

 No son amores distintos, pero por otra parte son inseparables. Y en este sentido, como lo recuerda el Papa, es perfectamente elocuente y suficiente lo que dice la primera carta de Juan. El que ve a su hermano pasar necesidad y hombre sin entrañas no hace nada por él, ¿cómo podrá tener amor de Dios en su corazón? son inseparables. Son distintos, pero son inseparables

Se destaca la importancia del papel educativo y social de la Iglesia hacia los pobres, con la fundación de escuelas y la atención a la dignidad humana a través de la educación, citando escuelas y congregaciones católicas dedicadas a los más necesitados.

De lo cual hablaremos en la próxima entrega.

Mons. Joel Ocampo Gorostieta
Felicidades, Mons. Joel Ocampo Gorostieta

La Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, felicita a Mons. Joel Ocampo Gorostieta, quien ha sido designado como XI Obispo de la Diócesis de Zamora. Que el Señor le de la sabiduría y la gracia para conducir la porción de su grey que ha puesto en sus manos.

Dios le Bendiga y le guarde, haga resplandecer su rostro y le de la paz.

La Nunciatura Apostólica comunica, a través de la Secretaría General de la Conferencia del Episcopado Mexicano, que Su Santidad León XIV se ha dignado nombrar XI Obispo de la Diócesis de Zamora, a S.E. Mons. Joel Ocampo Gorostieta, hasta ahora Obispo de Ciudad Altamirano. Nos unimos en alegría y oración con la Iglesia que peregrina en la Diócesis de Zamora y deseamos un fecundo desempeño en su nueva encomienda episcopal que el Señor le ha confiado.

¡¡¡ Felicidades, en su nueva encomienda !!!

Jubileo de Cors y Corales
Jubileo Diocesano de los Coros y Corales

El próximo 22 de noviembre de 2025, en la fiesta de Santa Cecilia, celebraremos el Jubileo de los Coros y Corales, con el lema «Para ti es mi música Señor» (Sal100). preparemos nuestros instrumentos y nuestra voz para participar,

Señores párrocos, coordinadores y encargados de coros y corales, les invito a compartir esta información con sus coros para que preparen la Misa del Jubileo de los Coros y Corales. «Para ti es mi música Señor» (Sal100)

La celebración de la misa de este Jubileo se realizará en la Catedral de «La Asunción de María» en Chilpancingo, Guerrero., a las 7:00 p.m. del próximo sábado 22 de noviembre de 2025.

Los coros han de llevar sus instrumentos afinados y los cantos preparados y previamente ensayados, para que ese día antes de empezar la misa se les indique cómo se ensamblarán los cantos.

Aquí les dejo también el link para descargar los audios de los cantos.👇👇👇

Aqui puedes BAJAR los Audios de los cantos para la Celebración:

Aquí puedes bajar los archivos de las partituras y letras de los Cantos para la Celebración del Jubileo. 👇👇👇

Jubileo de Cors y Corales
CXIX ASAMBLEA PLENARIA DE LOS OBISPOS DE MEXICO.
Mensaje de los Obispos CXIX Asamblea Plenaria | 10 – 14 de noviembre de 2025

MENSAJE DE LOS OBISPOS DE LA CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO AL PUEBLO DE DIOS EN MÉXICO

CXIX Asamblea Plenaria | 10 – 14 de noviembre de 2025

«Iglesia en México: Memoria y Profecía — Peregrinos de Esperanza hacia el Centenario de nuestros Mártires»

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Con profunda gratitud a Dios nos dirigimos a ustedes, Pueblo de Dios que peregrina en esta tierra mexicana. En estos días hemos estado reunidos en nuestra CXIX Asamblea Plenaria, y bajo la moción del Espíritu Santo, queremos compartirles nuestra palabra y nuestro sentir como pastores que caminamos con ustedes, que escuchamos sus dolores, que compartimos sus esperanzas y que, unidos en Cristo, buscamos ser instrumentos de consuelo y de profecía.

Han transcurrido seis meses desde que nos reunimos en abril, en aquellos días marcados por la despedida del Papa Francisco y la celebración de sus exequias. Hoy nos reunimos en este tiempo nuevo del ministerio del Papa León XIV, a quien el Espíritu Santo ha confiado el cuidado del rebaño de Cristo.

Al dirigirnos a ustedes, lo hacemos con el corazón de pastores que reconocen en cada uno de ustedes el rostro de Cristo. Sabemos que llevan en sus corazones el peso de la vida cotidiana, con sus alegrías y desafíos, con sus luces y sombras. Queremos que sepan que caminamos con ustedes, que somos pueblo con el pueblo, que, como pastores, somos también ovejas del rebaño del único Pastor, Jesucristo. Reconocemos con humildad que en algunas ocasiones no los hemos acompañado como es nuestro deber, por lo que pedimos perdón a Dios y a ustedes.

I. BAJO EL MINISTERIO DEL PAPA LEÓN XIV: DON DE UNIDAD PARA LA IGLESIA

La elección del Papa León XIV ha sido recibida por la Iglesia universal con alegría y esperanza renovada. Su ministerio petrino, apenas iniciado, ya nos ha ofrecido signos claros de los caminos que el Espíritu Santo quiere que recorramos.

En su mensaje inaugural nos recordó con palabras que resuenan en lo profundo: «La Iglesia es comunión o no es nada. La unidad de los pastores no es un lujo espiritual ni una estrategia de gobierno, es la forma misma del Evangelio. Cuando los obispos caminan unidos, el pueblo de Dios puede creer que el Padre envió al Hijo para la salvación del mundo».

Estas palabras nos interpelan porque sabemos que la unidad entre nosotros no es un dato garantizado, sino una gracia que debemos recibir y cultivar cada día con humildad y caridad fraterna. Y queremos que ustedes sepan, hermanos y hermanas, que esta unidad entre nosotros es para servir mejor a la unidad de todo el Pueblo de Dios.

El Santo Padre León XIV ha insistido, desde el inicio de su pontificado, en dos ejes fundamentales que iluminan nuestro caminar: la unidad de la Iglesia y la paz en el mundo, no son dos temas desconectados, sino dos dimensiones de un mismo misterio:
«No puede haber paz auténtica en el mundo si no hay comunión en la Iglesia. Y no puede haber verdadera comunión eclesial si la Iglesia permanece indiferente ante los clamores de un mundo herido por la violencia y la injusticia».


Para nosotros, Iglesia que peregrina en México, estas palabras tienen un peso particular.

Vivimos en un país que anhela la paz y que necesita testigos creíbles de reconciliación. Y queremos que sepan, hermanos, que ese testimonio lo queremos dar juntos: pastores y pueblo, caminando unidos en Cristo. Ustedes no nos piden que seamos perfectos, pero sí que seamos auténticos; no nos piden que tengamos una sola sensibilidad pastoral, pero sí que en medio de la riqueza de nuestros distintos puntos de vista conservemos nuestra comunión fundamental en Cristo.

Bajo la inspiración del magisterio del Papa León XIV, buscamos discernir juntos el camino que el Señor espera de nosotros en este momento de la historia de México y de la Iglesia.

Y ese camino, hermanos, está marcado por un horizonte de gracia que se despliega ante nosotros: la ruta de los jubileos que nos llevarán del 2025 al 2031 y 2033. Este es el camino de la Esperanza de México, un camino que queremos recorrer con ustedes, como Pueblo de Dios.

Esta Asamblea tiene objetivos concretos que guían nuestras deliberaciones: profundizar en la implementación de la sinodalidad en nuestras Iglesias locales, reflexionar sobre la realidad migratoria que atraviesa nuestro país para seguir acompañando pastoralmente a quienes sufren el desplazamiento forzado, actualizar nuestras normas complementarias para una mayor eficacia pastoral, y retomar los compromisos sobre familia y paz que asumimos en nuestra anterior Asamblea. Estos objetivos no son temas aislados, sino dimensiones de un único llamado: ser Iglesia sinodal, profética y cercana al pueblo que sufre.

II. RUTA JUBILAR 2025 – 2031 – 2033: CONSTRUYENDO LA ESPERANZA DE MÉXICO

La Providencia divina nos ha regalado un itinerario de gracia extraordinario en el que distintas celebraciones convergen en un único camino: el encuentro con Jesucristo Resucitado, a quien la Virgen de Guadalupe nos conduce con ternura de Madre. Este es el camino para construir la Esperanza de México, esperanza que nace de la fe, se nutre en la caridad y se proyecta hacia un futuro de justicia, paz y reconciliación.

  1. El Año 2025: Jubileo de la Esperanza
    Estamos concluyendo este Año Santo convocado por el Papa Francisco que nos ha recordado que la esperanza cristiana no es optimismo ingenuo ni evasión de la realidad, sino virtud teologal que nos sostiene en medio de la tribulación. Como nos dice San Pablo: «La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones» (Rom 5,5).
    ¿Qué nos ha dejado este Año Jubilar? La certeza de que somos peregrinos, no habitantes instalados; caminantes hacia la patria definitiva en el Reino de Dios, no constructores de paraísos terrenales que inevitablemente se desmoronan. Necesitados siempre de la gracia y la misericordia de Dios, queremos invitarlos, hermanos y hermanas, a que esta experiencia de gracia jubilar no termine, sino que se transforme en la Esperanza de México que construiremos juntos.
    Este 2025 también conmemoramos el centenario de la proclamación de la solemnidad de Cristo Rey para la Iglesia y el mundo, proclamada en la encíclica Quas Primas del Papa Pío XI.
    Durante este año, hemos preparado 38 catequesis bajo el título «Venga Tu Reino», que hemos
    puesto al servicio de nuestras diócesis, parroquias y comunidades.
    Estas catequesis han querido ser una preparación teológica y espiritual para comprender qué significa proclamar a Cristo Rey en un contexto de crisis civilizatoria. Y hoy les preguntamos, hermanos: ¿Quién reina verdaderamente en nuestras sociedades? ¿Cristo, o los ídolos del poder, el dinero, la violencia y la mentira? ¿Quién reina en nuestro corazón? ¿Las ideologías políticas y culturales o el Evangelio? Esta pregunta no es retórica: es una invitación a una conversión personal y social, una invitación para que Cristo reine en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestra sociedad.
  2. El Año 2026: Memoria de la resistencia cristera que nos interpela
    Permítannos hacer memoria de un hecho que no podemos ignorar:
    Apenas unos meses después de la proclamación de la Solemnidad de Cristo Rey, en julio de 1926, entraba en vigor la llamada “Ley Calles” en nuestro país que desató la persecución religiosa más cruenta de nuestra historia. Es por ello que en enero de 1927, el pueblo católico, reprimido, inició el levantamiento armado conocido como la Resistencia Cristera.
    ¿Una casualidad? No, hermanos: Un acontecimiento providencial.
    Cuando el Estado totalitario intentó imponer su dominio absoluto sobre las conciencias, nuestros mártires comprendieron con claridad meridiana la centralidad de Jesucristo: morir gritando ¡Viva Cristo Rey! era afirmar que ningún poder humano puede reclamar la soberanía absoluta sobre la persona y la conciencia. Era decir con la vida lo que proclamaban con los labios: Cristo es Rey, no el Estado opresor; Cristo es Rey, no el dictador en turno que se envuelve en su soberbia.
    Queremos honrar hoy la memoria de los más de 200 mil mártires que entregaron sus vidas defendiendo su fe: Niños, jóvenes, ancianos; campesinos, obreros, profesionistas; sacerdotes, religiosos laicos; El México heroico de los cristeros que dieron su vida por una causa sagrada, por la libertad de creer y de vivir según su fe, todos ellos escribieron una página luminosa en la historia de la Iglesia universal y de nuestra patria.
    El centenario del 2026 no puede ser una mera conmemoración nostálgica. Debe ser un examen de conciencia y un compromiso renovado. Nuestros mártires nos preguntan hoy: ¿Estamos dispuestos a defender nuestra fe con la misma radicalidad? ¿Hemos perdido el sentido de lo sagrado? ¿Nos hemos acomodado a una cultura que quiere relegar la fe al ámbito privado?
  3. El Año 2031: Jubileo Guadalupano — Esperanza de reconciliación y libertad
    El 2031 V Centenario del Acontecimiento Guadalupano en el Tepeyac, no es solo una fecha para México, sino para todo el continente americano y para la Iglesia universal. Como preparación a este gran acontecimiento, hemos iniciado la Novena Intercontinental Guadalupana, invitando a las conferencias episcopales de todo el mundo a sumarse a este camino de preparación espiritual.
    Guadalupe es memoria de reconciliación. En el siglo XVI, cuando dos mundos tan diferentes se encontraron en estas tierras, María se manifestó en el Tepeyac como puente entre culturas y razas, como Madre que acoge a todos sus hijos sin distinción. Guadalupe nos enseña que la unidad no se construye anulando las diferencias, sino reconociendo en cada rostro la imagen de Dios. Guadalupe ha impulsado en otro momento de la historia los sentimientos de libertad de nuestro pueblo. Hoy debe ser también un signo de fortaleza para liberarnos de la violencia, la pobreza y la injusticia.
    Para culminar este itinerario, en el 2033 celebraremos el bimilenario de la Redención Universal, los dos mil años de la resurrección de Cristo que queremos celebrar con todo el Pueblo de Dios en un ambiente de fraternidad y paz.

III. REALIDADES QUE NO PODEMOS CALLAR EN EL CONTEXTO MEXICANO ACTUAL

Como pastores tenemos el deber de hablar con claridad sobre la realidad de nuestro país.

No lo hacemos desde una posición política ni partidista, sino desde la responsabilidad que se nos ha confiado como servidores del Evangelio. No podemos ser indiferentes ante el sufrimiento de nuestro pueblo. No podemos permanecer neutrales cuando está en juego la dignidad de las personas. Nuestra misión de anunciar el Evangelio nos exige anunciar la verdad con amor.

En estos tiempos, observamos con preocupación cómo algunos discursos públicos
construyen una narrativa que no corresponde a la experiencia cotidiana de millones de
mexicanos.

Nos dicen que la violencia ha disminuido, pero muchas familias que han perdido seres queridos o poblaciones enteras que viven con miedo constante experimentan otra realidad.

Nos dicen que se combate la corrupción, pero ante casos graves y escandalosos, no se percibe la voluntad de esclarecerlos, por lo que prevalece la impunidad.

Nos dicen que la economía va bien, pero muchas familias que no pueden llenar su canasta básica y muchos jóvenes que no encuentran oportunidades de trabajo nos hacen ver que esto no es verdad.

Nos dicen que se respetan las libertades, pero quienes expresan opiniones críticas son descalificados y señalados desde las más altas tribunas del poder.

Nos dicen que somos el país más democrático del mundo, pero la realidad es que hemos visto cómo han comprometido los organismos y las instituciones que garantizaban la auténtica participación ciudadana para concentrar el poder arbitrariamente.

Vivimos tiempos difíciles, la violencia se ha vuelto cotidiana. Ese cáncer del crimen organizado que padecemos desde hace años ha extendido sus tentáculos a muchos rincones del país. Ninguno de los dirigentes que gobierna este país ha logrado erradicar este mal.

En muchas regiones nuestro Nación sigue bajo el dominio de los violentos. No debemos tener miedo de hablar de lo que todos sabemos, pero algunos prefieren callar: Continúan los asesinatos y las desapariciones. Sigue derramándose sangre inocente en nuestras calles, pueblos y ciudades. Familias enteras son desplazadas por el terror de la delincuencia organizada. Vivimos la inseguridad cotidiana al transitar por los caminos y autopistas. Las extorsiones se han vuelto sistemáticas para pequeños y medianos empresarios, para agricultores y transportistas, incluso para las familias humildes, obligados todos a pagar “cuotas” a los criminales bajo amenazas de muerte. El Estado, que en muchos lugares ha cedido el control territorial a grupos delictivos, no logra recuperarlos.

Sacerdotes, religiosas, agentes de pastoral, incluso algunos políticos que buscan cambiar esta situación han sido amenazados y asesinados ante la impotencia ciudadana. Hemos tenido que llorar la muerte de varios hermanos presbíteros que dieron su vida sirviendo a sus comunidades. Sentimos el dolor por todos aquellos que buscando el bien han sido sacrificados.

Nuestros jóvenes están siendo secuestrados y llevados a los campos de corrupción o exterminio convirtiéndose en uno de los más grandes dramas de nuestra sociedad. Todo esto nos habla de la degradación social a la que hemos llegado y que exige una conversión profunda de quienes han optado por el mal. Hacemos un enérgico llamado a una conversión personal y social para alcanzar una verdadera transformación.

La migración forzada continúa. Miles de mexicanos se ven obligados a abandonar sus tierras, no solo por buscar mejores oportunidades, sino también por huir de la violencia. Y los que migran se encuentran con nuevas formas de violencia en el camino. Por nuestro territorio cruzan miles de hermanos centroamericanos y de otros continentes, víctimas de extorsión, secuestro, trata y muerte.

Y en cada una de estas realidades, la Iglesia está presente con casas del migrante, albergues, defensa de derechos y acompañamiento pastoral. El rostro del migrante es el rostro de Cristo crucificado hoy.

No debemos quedarnos en estadísticas frías que nos dan cuenta de todas estas realidades de inseguridad, de pobreza e injusticia. Son rostros concretos. Son familias destrozadas. Son madres que lloran a sus hijos. Son comunidades indefensas y empobrecidas. Nosotros como pastores, no podemos permanecer indiferentes.

Hermanos migrantes, ustedes que sufren la violencia, las amenazas, el miedo, el desplazamiento forzado, sepan que sus obispos están con ustedes. Escuchamos su clamor, compartimos su angustia, acompañamos su dolor. Y queremos que el testimonio de nuestros mártires sea fuente de esperanza: ellos vencieron porque Cristo venció, y nosotros también venceremos si permanecemos unidos a Él.

Queremos que sepan que nuestra cercanía está siempre con las víctimas, con los pobres, con los que sufren. Que nuestra amistad es sobre todo con el pueblo sencillo que lucha cada día por sobrevivir con dignidad. Como nos dice el Papa León XIV en su Exhortación Apostólica Dilexi Te: «El cuidado de los pobres forma parte de la gran Tradición de la Iglesia, como un faro de luz que, desde el Evangelio, ha iluminado los corazones y los pasos de los cristianos de todos los tiempos» (DT 103).

No lo hacemos con odio ni con resentimiento. Lo hacemos con la firmeza que brota del amor. Porque amamos a este pueblo del que somos parte. Porque amamos a esta que es nuestra nación. Y precisamente por ese amor no podemos callar ante lo que está mal. Nos dice el Papa León XIV en su exhortación apostólica: «Siempre debe recordarse que la propuesta del Evangelio no es sólo la de una relación individual e íntima con el Señor. La propuesta es más amplia: es el Reino de Dios (cf. Lc
4,43)… Entonces, tanto el anuncio como la experiencia cristiana tienden a provocar consecuencias sociales. Buscamos su Reino» (DT 97).

IV. LA FAMILIA: CORAZÓN HERIDO DE LA SOCIEDAD

Toda esta realidad preocupante comienza en la familia: una sociedad que no protege a la familia se desprotege a sí misma. Lo que estamos viviendo es una sistemática desestructuración familiar que genera, inevitablemente, una desestructuración social.

Los datos son alarmantes y no podemos ignorarlos: familias desintegradas, violencia intrafamiliar y en ambientes escolares, adicciones que destruyen la vida de los jóvenes. Detrás de las estadísticas hay rostros de personas concretas sin futuro.

Necesitamos elevar la voz profética cuando las políticas públicas atentan contra la familia.

Las políticas públicas educativas actuales se están implementando sin un diálogo genuino con los padres de familia y los demás agentes de la educación. Se promueve, de manera sutil y, en ocasiones, de manera explícita, una visión antropológica ajena a la dignidad integral de la persona humana. Se introduce en las escuelas una ideología que relativiza la complementariedad hombre-mujer, que diluye la identidad sexual, que presenta como “progreso” lo que en realidad es deconstrucción de la naturaleza humana. Se añade también una ideología política de confrontación social que no conduce a nada bueno.

Y cuando los padres de familia y otros integrantes de la sociedad expresan su preocupación, son descalificados como “conservadores”, “retrógrados” o “enemigos de los derechos”. Se les niega el derecho fundamental a participar activamente en la educación de sus hijos. Se les dice que el Estado sabe mejor que ellos lo que sus hijos necesitan aprender.

Hermanos, esto no es solo una cuestión educativa. Es una cuestión antropológica, ética y, en última instancia, moral. Porque está en juego la visión misma del ser humano. ¿Qué es el hombre? ¿Qué es la mujer? ¿Qué es la familia? ¿Qué es la sociedad? ¿Quién tiene autoridad para definir estas realidades? ¿El Estado? ¿La ideología dominante? ¿O la verdad inscrita en la naturaleza humana y revelada por Dios?

Una de nuestras prioridades pastorales debe ser el acompañamiento integral de las familias. No podemos limitarnos a preparar a las parejas para el matrimonio y luego abandonarlas a su suerte. Necesitamos una pastoral familiar robusta, que acompañe a las familias en todas las etapas de su vida, que las fortalezca ante las crisis, que las ilumine con la luz del Evangelio

V. PEREGRINOS DE ESPERANZA HACIA EL 2026

Hermanos y hermanas, pudiera parecer que este diagnóstico de la realidad nos lleva al pesimismo. Pero no es así. Porque la esperanza cristiana no consiste en cerrar los ojos ante el mal, sino en mantenerlos abiertos reconociendo que Cristo ha vencido al mal con el bien. Solo reconociendo nuestros errores podemos corregirlos.

Concluye el Año Jubilar de la Esperanza, pero continúa nuestra peregrinación hacia nuevas metas para transformar nuestra sociedad, como lo hicieron en su momento nuestros mártires. Fueron fieles en medio de la persecución. No esperaron que el Estado totalitario se volviera benévolo. Resistieron con la fuerza de su fe. No esperaron que fuera fácil seguir a Cristo.

Lo siguieron, aunque les costara la vida.

Y nosotros, hermanos, emprendamos nuestros caminos de paz y solidaridad para cambiar nuestra realidad hacia la justicia y la fraternidad.

VI. BAJO LA MIRADA DE GUADALUPE

Hermanos y hermanas, mientras discernimos estos caminos con ustedes, lo hacemos bajo la mirada maternal de Santa María de Guadalupe.

Guadalupe unió culturas y pueblos en torno a Cristo. Guadalupe impulsó los sentimientos de libertad. Guadalupe sostuvo a nuestros mártires en su testimonio. Guadalupe acompaña hoy a nuestro pueblo que sufre. Santa María de Guadalupe nos sostiene a nosotros, pastores, en la tarea de ser voz profética y servidores de la reconciliación. Y Guadalupe los sostiene a ustedes en medio de sus luchas cotidianas.

Que Ella, la Morenita del Tepeyac, Madre del verdadero Dios por quien se vive, nos enseñe a ser portadores de esperanza en medio de las exigencias del tiempo presente y nos enseñe a responder con la fuerza de la fe.

Que el Espíritu Santo, que nos ha reunido en esta Asamblea, ilumine nuestras deliberaciones. Que nos conceda la sabiduría para discernir los caminos que Dios espera de nosotros. Que fortalezca nuestra unidad como Colegio Episcopal y nuestra comunión con todo el Pueblo de Dios.

Que esta CXIX Asamblea Plenaria sea un momento de gracia para fortalecer nuestra comunión como Iglesia, renovar nuestro compromiso profético y prepararnos para vivir el centenario de 2026 como verdaderos discípulos de Cristo Rey.

VII. CONCLUSIÓN

Hermanas y hermanos mexicanos, ante muchas de las dolorosas realidades que hemos mencionado, los obispos mexicanos no tenemos la solución; pero estamos dispuestos a buscarla en diálogo con todos los que VERDADERAMENTE AMEN A MÉXICO, más allá del partido político en el que militen, de la ideología que los inspire o del credo religioso que profesen.

Entre tanto, sigamos construyendo juntos, con Cristo Rey como única y verdadera esperanza de México, confiados en que Santa María de Guadalupe nos conduce hacia un futuro de justicia, paz y reconciliación.

¡Viva Cristo Rey!
¡Santa María de Guadalupe!

LOS OBISPOS DE MÉXICO
Cuautitlán Izcalli, Estado de México, 13 de noviembre de 2025

  • Mons. Héctor M. Pérez Villarreal
    Obispo Auxiliar de México
    Secretario General
  • Mons. Ramón Castro Castro
    Obispo de Cuernavaca
    Presidente
Subsidio día del laico
Semana Nacional del Laico 2025

Semana Nacional del Laico, del 16 al 23 de noviembre los invitamos a celebrar en sus parroquias la “Semana Nacional del Laico”

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A TODA LA COMUNIDAD DIOCESANA

Los laicos “son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios”, la esperanza de la Iglesia es la esperanza de los laicos en sí mismos, siempre en comunión con sus pastores y con los religiosos.
Es muy importante que el cristiano laico conozca su identidad dentro del Pueblo de Dios, su dignidad, y a la vez su misión en la Iglesia y en la sociedad.

La consciencia de esa identidad comporta otra esperanza: la de ser reconocido y valorado, lo que se expresa no solo con palabras, sino con verdaderos espacios de participación y de realización de su ser cristiano. Que “se les deje” actuar, expresarse, opinar, que se les deje ejercitar su protagonismo, lo que siempre va de la mano con iniciativas y creatividad. Y todo esto no solo internamente (en la Iglesia), sino sobre todo en la sociedad.

Semana Nacional del Laico”

Queridos hermanos, del 16 al 23 de noviembre los invitamos a celebrar en sus parroquias la “Semana Nacional del Laico”, teniendo como lema: “Testigos alegres de la esperanza por una cultura de paz”, para esto la Dimensión Episcopal para los Laicos (DELAI), en el contexto del presente Año Jubilar que lleva por lema «Peregrinos de la Esperanza», nos ofrece este material pastoral (anexo a esta circular) con el objetivo de que los fieles cristianos laicos de México redescubran la virtud teologal de la esperanza a la luz de la Palabra de Dios, para que, superando toda estéril resignación ante los presentes panoramas sociales fuera y dentro de México, alentados por Jesucristo, esperanza de la humanidad, nos mantengamos firmes en nuestro compromiso cristiano de regenerar el tejido social y construir una cultura de paz, ordenando las realidades temporales según los valores del Evangelio y haciendo presente a Cristo en la vida cotidiana.
Que el Inmaculado Corazón de María cobije y proteja a nuestros Laicos y por intercesión de los santos mártires san David Uribe y san Margarito Flores y el beato Anacleto Flores González nuestros laicos se sigan fortaleciendo y transformando nuestra Diócesis.

Dado en Chilpancingo de la Asunción, Gro., a los 10 días del mes de noviembre del Año Jubilar Peregrinos de la Esperanza 2025.

+José de Jesús González Hernández, OFM
Obispo de Chilpancingo-Chilapa

Pbro. Luis Enrique Mosqueda Díaz
Doy fe: Director Diocesano de Laicos

Pbro. Jorge Amando Vázquez Rodríguez
Canciller-Secretario

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