Ponemos a su disposición un esquema para la Hora Santa del próximo día Jueves 04 de Diciembre de 2025. en torno a la ADORACIÓN AL SANTÍSIMO – Con la Inmaculada Virgen adoremos al Cordero que quita el pecado del mundo
Aquí puedes bajar el esquema completo en formato PDF.
Ponemos a su disposición un esquema para la Hora Santa del próximo día Jueves 27 de Noviembre de 2025. en torno a la ADORACIÓN AL SANTÍSIMO – EL RETORNO DEL REY
Aquí puedes bajar el esquema completo en formato PDF.
Ponemos a su disposición un esquema para la Hora Santa del próximo día Jueves 13 de Noviembre de 2025. en torno a la 9a. Jornada Mundial del Pobre «Tú, Señor, eres mi esperanza» (Cfr. Sal 71,5)
Los laicos “son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios”, la esperanza de la Iglesia es la esperanza de los laicos en sí mismos, siempre en comunión con sus pastores y con los religiosos. Es muy importante que el cristiano laico conozca su identidad dentro del Pueblo de Dios, su dignidad, y a la vez su misión en la Iglesia y en la sociedad.
La consciencia de esa identidad comporta otra esperanza: la de ser reconocido y valorado, lo que se expresa no solo con palabras, sino con verdaderos espacios de participación y de realización de su ser cristiano. Que “se les deje” actuar, expresarse, opinar, que se les deje ejercitar su protagonismo, lo que siempre va de la mano con iniciativas y creatividad. Y todo esto no solo internamente (en la Iglesia), sino sobre todo en la sociedad.
Semana Nacional del Laico”
Queridos hermanos, del 16 al 23 de noviembre los invitamos a celebrar en sus parroquias la “Semana Nacional del Laico”, teniendo como lema: “Testigos alegres de la esperanza por una cultura de paz”, para esto la Dimensión Episcopal para los Laicos (DELAI), en el contexto del presente Año Jubilar que lleva por lema «Peregrinos de la Esperanza», nos ofrece este material pastoral (anexo a esta circular) con el objetivo de que los fieles cristianos laicos de México redescubran la virtud teologal de la esperanza a la luz de la Palabra de Dios, para que, superando toda estéril resignación ante los presentes panoramas sociales fuera y dentro de México, alentados por Jesucristo, esperanza de la humanidad, nos mantengamos firmes en nuestro compromiso cristiano de regenerar el tejido social y construir una cultura de paz, ordenando las realidades temporales según los valores del Evangelio y haciendo presente a Cristo en la vida cotidiana. Que el Inmaculado Corazón de María cobije y proteja a nuestros Laicos y por intercesión de los santos mártires san David Uribe y san Margarito Flores y el beato Anacleto Flores González nuestros laicos se sigan fortaleciendo y transformando nuestra Diócesis.
Dado en Chilpancingo de la Asunción, Gro., a los 10 días del mes de noviembre del Año Jubilar Peregrinos de la Esperanza 2025.
+José de Jesús González Hernández, OFM Obispo de Chilpancingo-Chilapa
Pbro. Luis Enrique Mosqueda Díaz Doy fe: Director Diocesano de Laicos
Los proyectos de su corazón subsisten de generación en generación, para librar de la muerte a sus fieles y reanimarlos en tiempo de hambre. (Sal 32, 11. 19).
Se dice Gloria.
ORACIÓN COLECTA.
Señor Dios, que en tu misericordia te dignas enriquecernos con los infinitos tesoros del amor del Corazón de tu Hijo, traspasado por nuestros pecados, concédenos que, al presentarte el fervoroso homenaje de nuestra devoción, cumplamos también con el deber de una digna reparación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Ezequiel 34, 11-16
Esto dice el Señor Dios: “Yo mismo iré a buscar a mis ovejas y velaré por ellas. Así como un pastor vela por su rebaño cuando las ovejas se encuentran dispersas, así velaré yo por mis ovejas e iré por ellas a todos los lugares por donde se dispersaron un día de niebla y de oscuridad.
Las sacaré de en medio de los pueblos, las congregaré de entre las naciones, las traeré a su tierra y las apacentaré por los montes de Israel, por las cañadas y por los poblados del país. Las apacentaré en pastizales escogidos, y en lo alto de los montes de Israel tendrán su aprisco; allí reposarán en buenos prados, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel.
Yo mismo apacentaré a mis ovejas; yo mismo las haré reposar, dice el Señor Dios. Buscaré a la oveja perdida y haré volver a la descarriada; curaré a la herida, robusteceré a la débil, y a la que está gorda y fuerte, la cuidaré. Yo las apacentaré en la justicia”. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
L. El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas. R
L. Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad. R.
L. Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes. R.
L. Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término. R.
SEGUNDA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 5, 5b-11
Hermanos: Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado.
En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.
Con mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucha más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su Hijo. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Jn 10, 14
R. Aleluya, aleluya. Yo soy el buen pastor, dice el Señor, yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. R. Aleluya.
EVANGELIO (Lc 15, 3-7).
Del santo Evangelio según san Lucas
Gloria a tí, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y a los escribas esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’.
Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse”. Palabra del Señor.
Gloria a tí, Señor Jesús.
PISTAS PARA LA HOMILÍA:
El 27 de diciembre de 1673, día de san Juan Apóstol, Margarita María de Alacoque, quien tenía sólo 14 meses de profesa y 26 años de edad, estaba como de costumbre arrodillada ante el Señor en el Santísimo Sacramento, expuesto en la capilla del convento de La Visitación. Era el momento de la primera gran revelación del Señor a la futura santa.
“Mi Divino Corazón –le dijo el Señor a Margarita María– está tan apasionado de Amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en él las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo, los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición. Te he elegido como un abismo de indignidad y de ignorancia, a fin de que seas todo obra mía”.
Desde ese instante y hasta nuestros días –en que va creciendo– la devoción al Sagrado Corazón de Jesús no ha dejado de ganar devotos, gente común y sencillísima, gente encumbrada y de graves responsabilidades, todos quieren seguir la indicación de la jaculatoria que reza así: “Jesús, manso y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al tuyo”. Se trata de una semejanza. No de una igualdad.
El filósofo católico Dietrich von Hildebrand señala que a esta oración “se aplica todo lo que sabemos sobre el sentido de la imitación de Cristo”. Y más adelante indica que “la transformación en Cristo que implica esta imitación consiste en hacernos santos”. Es el ethos cristiano; la forma de ser que Dios quiere de nosotros y que santa Margarita María lo dejó dicho de esta manera: “Como el amor hace uno a los amantes, si quieres ser amado de Jesús has de ser manso como Él, y humilde como Él.”
No fue hasta el 11 de junio de 1899, dentro del mes dedicado al Sagrado Corazón, cuando un Papa, en este caso el Papa León XIII, consagró la humanidad al Sagrado Corazón de Jesús. Unos días antes, el 25 de mayo del mismo año, había publicado la encíclica Annum Sacrum (refiriéndose al Año Santo de 1900).
En ella escribió: “El Corazón divino es símbolo e imagen viva del infinito amor de Jesucristo, que nos impulsa a pagarle también con amor”.
La idea de consagrar el mundo y toda la humanidad al Corazón de Jesús surgió 25 años antes, con motivo de las conmemoraciones en el segundo centenario de la canonización de santa Margarita María de Alacoque. En aquel entonces, siendo Papa Pío IX, miles de personas de toda clase y condición, incluidos Obispos, solicitaban al Papa, incesantemente, realizar una consagración de la humanidad al Sagrado Corazón.
León XIII lo hizo. Y llegó a considerar éste como el acto más importante de su largo pontificado. Su argumentación es sublime: “Puesto que el Sagrado Corazón es el símbolo y la imagen sensible de la caridad infinita de Jesucristo, caridad que nos impulsa a amarnos los unos a los otros, es natural que nos consagremos a este corazón tan santo.
Obrar así es darse y unirse a Jesucristo, pues los homenajes, señales de sumisión y de piedad que uno ofrece al divino Corazón, son referidos realmente y en propiedad a Cristo en persona”. Cien años después, san Juan Pablo II, recordando la Consagración de León XIII, y renovándola, escribió: “La contemplación del Corazón de Jesús en la Eucaristía estimulará al creyente a buscar en ese Corazón el misterio inagotable del sacerdocio de Cristo y de la Iglesia.
Le permitirá saborear, en comunión con sus hermanos y hermanas, la dulzura espiritual de la fuente de la caridad. El ayudar a todos a redescubrir su propio Bautismo le hará más consciente de tener que vivir su dimensión apostólica al difundir amor y participar en la misión de evangelizar”.
Se dice credo.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira, Señor, el inefable amor del Corazón de tu Hijo amado, para que este don que te ofrecemos sea agradable a tus ojos y sirva como expiación de nuestros pecados. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO: Inmenso amor de Cristo.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. El cual, con inmenso amor, se entregó por nosotros en la cruz e hizo salir sangre y agua de su costado herido, de donde habrían de brotar los sacramentos de la Iglesia, para que todos los hombres, atraídos hacia el corazón abierto del Salvador, pudieran beber siempre, con gozo, de la fuente de la salvación. Por eso, con todos los ángeles y los santos te alabamos, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo…
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Jn 19, 34
Uno de los soldados le traspasó el costado con su lanza, e inmediatamente salió sangre y agua.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.
Señor y Padre nuestro, que este sacramento de amor nos haga arder en santo afecto, de modo que, atraídos siempre hacia tu Hijo, sepamos reconocerlo en nuestros hermanos. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
SUBSIDIO, EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS | RESUMEN DEL PRIMER CAPÍTULO DE LA ENCÍCLICA DILEXIT NOS,DEL PAPA FRANCISCO
LA IMPORTANCIA DEL CORAZÓN
Para expresar el amor de Jesucristo suele usarse el símbolo del corazón. Algunos se preguntan si hoy tiene un significado válido. Pero cuando nos sentimos perdidos, extraviados, entonces necesitamos recuperar la importancia del corazón.
¿Qué expresamos cuando decimos “corazón”?
En el griego clásico profano el término kardia significa lo más interior de seres humanos, animales y plantas.
En Homero indica no sólo el centro corporal, sino también el centro anímico y espiritual del ser humano.
En la Ilíada, el pensar y el sentir son del corazón y están muy próximos entre sí. Allí el corazón aparece como centro del querer y como lugar en que se fraguan las decisiones importantes de la persona.
En Platón el corazón adquiere una función en cierto modo “sintetizadora” de lo racional y lo tendencial de cada uno, pues tanto el mandato de las facultades superiores como las pasiones se transmiten a través de las venas que confluyen en el corazón. Así advertimos desde la antigüedad la importancia de considerar al ser humano no como una suma de distintas capacidades sino como un mundo anímico corpóreo con un centro unificador que otorga a todo lo que vive la persona el trasfondo de un sentido y una orientación.
Dice la Biblia que «la Palabra de Dios es viva y eficaz […] discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hb 4,12). De esta manera nos habla de un núcleo, el corazón.
Los discípulos de Emaús, en su misteriosa caminata con Cristo resucitado, vivían un momento de angustia, confusión, desesperanza, desilusión. No obstante, más allá de todo eso y a pesar de todo, algo ocurría en lo más hondo: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino?» (Lc 24,32).
El corazón es el lugar de la sinceridad, donde no se puede engañar ni disimular. Suele indicar las verdaderas intenciones, lo que uno realmente piensa, cree y quiere, los “secretos” que a nadie dice y, en definitiva, la propia verdad desnuda. Se trata de aquello que no es apariencia o mentira sino auténtico, real, enteramente “propio”. Por eso a Sansón, que no contaba el secreto de su fuerza, Dalila le reclamaba: «¿Cómo puedes decir que me quieres, si tu corazón no está conmigo?» (Jc 16,15). Sólo cuando él le contó su secreto tan oculto, ella «comprendió que él le había abierto todo su corazón» (Jc 16,18).
«Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo?» (Jr 17,9). Así entendemos por qué el libro de los Proverbios nos reclama: «Con todo cuidado vigila tu corazón, porque de él brotan las fuentes de la vida. La pura apariencia, el disimulo y el engaño dañan y pervierten el corazón. En el corazón se juega todo. En el corazón somos nosotros mismos.
Lo mejor es dejar brotar preguntas decisivas: ¿quién soy realmente?, ¿qué busco?, ¿qué sentido quiero que tengan mi vida, mis elecciones o mis acciones?; ¿por qué y para qué estoy en este mundo?, ¿cómo querré valorar mi existencia cuando llegue a su final?, ¿qué significado quisiera que tenga todo lo que vivo?, ¿quién quiero ser frente a los demás?, ¿quién soy frente a Dios? Estas preguntas me llevan a mi corazón.
Volver al corazón
En este mundo líquido es necesario hablar nuevamente del corazón, apuntar hacia allí donde cada persona, de toda clase y condición, hace su síntesis; allí donde los seres concretos tienen la fuente y la raíz de todas sus demás potencias, convicciones, pasiones, elecciones.
En la sociedad actual el ser humano «corre el riesgo de perder su centro, el centro de sí mismo». «El hombre contemporáneo se encuentra a menudo trastornado, dividido, casi privado de un principio interior que genere unidad y armonía en su ser y en su obrar. Existen modelos de comportamiento bastante difundidos, por desgracia, exasperan su dimensión racional-tecnológica o, al contrario, su dimensión instintiva». Falta corazón.
El corazón ha tenido poco lugar en la antropología y al gran pensamiento filosófico le resulta una noción extraña. Se han preferido otros conceptos como el de razón, voluntad o libertad. pareciera que lo más íntimo es también lo más lejano a nuestro conocimiento.
Si el corazón está devaluado también se devalúa lo que significa hablar desde el corazón, actuar con corazón, madurar y cuidar el corazón.
Hay que afirmar que tenemos corazón, que nuestro corazón coexiste con los otros corazones que le ayudan a ser un “tú”. En efecto, es el corazón el que crea las posibilidades de encuentro. Por el corazón estoy yo al lado del otro y otro está cerca de mí. Sólo el corazón puede acoger y dar un hogar. La intimidad es el acto, la esfera del corazón.
Que la interioridad resida en el espíritu no es propio de lo humano. Mas cuando el corazón no vive, el hombre está no en sí mismo sino junto a sí mismo».
Necesitamos que todas las acciones se pongan bajo el “dominio político” del corazón. Que la voluntad desee el bien mayor que el corazón conoce, y que también la imaginación y los sentimientos se dejen moderar por el latido del corazón.
Se podría decir que, en último término, yo soy mi corazón, porque es lo que me distingue, me configura en mi identidad espiritual y me pone en comunión con las demás personas. El corazón no se puede manipular.
De hecho, la palabra “corazón” no puede ser agotada por la biología, por la psicología, por la antropología o por cualquier ciencia.
Si bien “corazón” nos lleva al centro íntimo de nuestra persona, también nos permite reconocernos en nuestra integridad y no sólo en algún aspecto aislado.
Por otra parte, esta fuerza única del corazón nos ayuda a entender por qué se dice que cuando se capta alguna realidad con el corazón se la puede conocer mejor y más plenamente. Esto inevitablemente nos lleva al amor del que es capaz ese corazón, ya que «lo más íntimo de la realidad es amor».
Lo primero que hace pensar y preguntar es la emoción profunda. La filosofía siempre sucede en un estado de ánimo fundamental (Stimmung)». Y aquí aparece el corazón, que «alberga los estados de ánimo, trabaja como ‘un custodio del estado de ánimo’. El ‘corazón’ oye de una manera no metafórica ‘la silenciosa voz’ del ser, dejándose templar y determinar (armonizar y unificar) por ella».
El corazón que une los fragmentos
El corazón hace posible cualquier vínculo auténtico, porque una relación que no se construya con el corazón es incapaz de superar la fragmentación del individualismo. Anti-corazón es una sociedad cada vez más dominada por el narcisismo y la autorreferencia.
Por consiguiente, nos volvemos incapaces de acoger a Dios. Como diría Heidegger, para recibir lo divino hay que construir una «casa de huéspedes».
Vemos así cómo se produce en el corazón de cada uno esta paradójica conexión entre la valoración del propio ser y la apertura a los otros, entre el encuentro tan personal consigo mismo y la donación de sí a los demás. Sólo se llega a ser uno mismo cuando se adquiere la capacidad de reconocer al otro, y se encuentra con el otro quien puede reconocer y aceptar la propia identidad.
María, mujer de gran corazón
El corazón también es capaz de unificar y armonizar tu historia personal, que parece fragmentada en mil pedazos, pero donde todo puede tener un sentido. Es lo que expresa el Evangelio en la mirada de María, que miraba con el corazón. Ella era capaz de dialogar con las experiencias atesoradas ponderándolas en el corazón, dándoles tiempo: simbolizando y guardando dentro para recordar. En el Evangelio, la mejor expresión de lo que piensa un corazón son los dos pasajes de san Lucas que nos dicen que María “atesoraba (syneterei) todas estas cosas, ponderándolas (symballousa) en su corazón” (cf. Lc 2,19.51). El verbo symballein (del que proviene “símbolo”) significa ponderar, reunir dos cosas en la mente y examinarlas con uno mismo, reflexionando, dialogando interiormente. En Lucas 2,51 dieterei es “guardaba cuidadosamente”, y lo que ella conservaba no era sólo “la escena” que veía, sino también lo que no entendía todavía y aun así permanecía presente y vivo en la espera de unirlo todo en el corazón.
En el tiempo de la inteligencia artificial no podemos olvidar que para salvar lo humano hacen falta la poesía y el amor. Hacer brotar sonrisas con una broma, calcar un dibujo al contraluz de una ventana, jugar el primer partido de fútbol con una pelota de trapo, cuidar gusanillos en una caja de zapatos, secar una flor entre las páginas de un libro, cuidar un pajarillo que se ha caído del nido, pedir un deseo al deshojar una margarita. Todos esos pequeños detalles, lo ordinario-extraordinario, nunca podrán estar entre los algoritmos. Se sustentan en la ternura que se guarda en los recuerdos del corazón.
Todo se unifica en el corazón, que puede ser la sede del amor con la totalidad de sus componentes espirituales, anímicos y también físicos. En definitiva, si allí reina el amor una persona alcanza su identidad de modo pleno y luminoso, porque cada ser humano ha sido creado ante todo para el amor, está hecho en sus fibras más íntimas para amar y ser amado.
Podemos pensar que la sociedad mundial está perdiendo el corazón. Ante tantas guerras, muertes, violencia, aprobación del aborto, etc. Y si a nosotros, nos conmueve todo lo que está pasando, podemos ver que realmente estamos perdiendo el corazón.
Cuando cada uno reflexiona, busca, medita sobre su propio ser y su identidad, o analiza las cuestiones más elevadas; cuando piensa acerca del sentido de su vida e incluso si busca a Dios, aun cuando experimente el gusto de haber vislumbrado algo de la verdad, eso necesita encontrar su culminación en el amor. Amando, la persona siente que sabe por qué y para qué vive. Así todo confluye en un estado de conexión y de armonía. Por eso, frente al propio misterio personal, quizás la pregunta más decisiva que cada uno podría hacerse es: ¿tengo corazón?
El fuego
La teología de los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola tiene por principio el affectus. Michel de Certeau hace ver cómo las “mociones” de las que habla san Ignacio son las irrupciones de un querer de Dios y de un querer del propio corazón que permanece otro en relación con el orden manifiesto. Es el origen de un nuevo “ordenamiento de la vida” a partir del corazón.
Allí donde el filósofo detiene su pensamiento, el corazón creyente ama, adora, pide perdón y se ofrece a servir en el lugar que el Señor le da a elegir para que lo siga. Aceptar su amistad es cuestión de corazón y eso nos constituye como personas en el sentido pleno de la palabra.
San Buenaventura decía que al fin de cuentas hay que preguntarle «no a la luz, sino al fuego». Y enseñaba que «la fe está en el intelecto, de modo que provoca el afecto. El conocimiento de Cristo debe convertirse en afecto, en amor.
San John Henry Newman tomó como lema la frase «Cor ad cor loquitur», porque más allá de toda dialéctica, el Señor nos salva hablando a nuestro corazón desde su Corazón sagrado. Esta misma lógica hacía que para él, gran pensador, el lugar del encuentro más hondo consigo mismo y con el Señor no fuera la lectura o la reflexión, sino el diálogo orante, de corazón a corazón, con Cristo vivo y presente. Decía: «Sacratísimo y muy amado Corazón de Jesús, estás oculto en la Santa Eucaristía y sufres aún por nosotros. Haz que mi corazón lata con el tuyo. Purifícalo de todo lo que es terrenal, de todo lo que es orgullo y sensualidad, de todo lo que es duro y cruel, de toda perversidad, de todo desorden, de toda mortandad.
Ante el Corazón de Jesús vivo y presente nuestra mente comprende, iluminada por el Espíritu, las palabras de Jesús.
Sentir y gustar al Señor y honrarlo es cosa del corazón. Únicamente el corazón es capaz de poner a las demás potencias y pasiones y a toda nuestra persona en actitud de reverencia y de obediencia amorosa al Señor.
El mundo puede cambiar desde el corazón
Nuestras comunidades sólo desde el corazón lograrán unir sus inteligencias y voluntades diversas y pacificarlas para que el Espíritu nos guíe como red de hermanos, ya que pacificar también es tarea del corazón. El Corazón de Cristo es éxtasis, es salida, es donación, es encuentro. Nuestro corazón unido al de Cristo es capaz de este milagro social.
Tomar en serio el corazón tiene consecuencias sociales. el Concilio invita a volver al corazón, explicando que el ser humano «por su interioridad es, en efecto, superior al universo entero; a esta profunda interioridad retorna cuando entra dentro de su corazón, donde Dios le aguarda, escrutador de los corazones (cf. 1 S 16,7; Jr 17,10), y donde él personalmente, bajo la mirada de Dios, decide su propio destino».
Esto no significa confiar excesivamente en nosotros mismos. Tengamos cuidado: advirtamos que nuestro corazón no es autosuficiente; es frágil y está herido.
Acudamos al Corazón de Cristo, ese centro de su ser, que es un horno ardiente de amor divino y humano y es la mayor plenitud que puede alcanzar lo humano. Allí, en ese Corazón es donde nos reconocemos finalmente a nosotros mismos y aprendemos a amar.
En definitiva, este Corazón sagrado es el principio unificador de la realidad, porque «Cristo es el corazón del mundo. Ante el Corazón de Cristo, pido al Señor que una vez más tenga compasión de esta tierra herida, que él quiso habitar como uno de nosotros. Que derrame los tesoros de su luz y de su amor, para que nuestro mundo que sobrevive entre las guerras, los desequilibrios socioeconómicos, el consumismo y el uso antihumano de la tecnología, pueda recuperar lo más importante y necesario: el corazón.
Pbro. Agustín Beltrán Flores, Parroquia de la Inmaculada Concepción, Tepecoacuilco, Gro.
En preparación para su fiesta, que celebraremos con gozo el próximo 28 de junio de 2025, en el Santuario de nuestros Martires Guerrerenses, San Margarito Flores y San David Uribe, en Chilpancingo, Gro. viviremos juntos un Novenario en honor al Inmaculado Corazón de María.
Este, será un tiempo especial de oración, reflexión y encuentro con el amor maternal de nuestra Madre del Cielo.
🕊️ Iniciamos el novenario el 19 de junio. 📖 Para acompañarte en esta experiencia espiritual, te presentamos un Subsidio especial, con los esquemas y oraciones, que te ayudará a orar cada día con mayor fe y devoción.
María nos espera con su corazón abierto, para llevarnos al Corazón de su Hijo.
¡Ven y descubre la ternura del Inmaculado Corazón de María!
Unámonos como comunidad para celebrar, orar y crecer en la fe bajo su dulce amparo.
Compartimos con ustedes el subsidio litúrgico para utilizarse durante estos días de oraciones por el eterno descanso del Papa Francisco. Desde esta perspectiva y recordando las Orientaciones litúrgicas durante el periodo de sede vacante, realizadas por esta Comisión Episcopal, se recomendó que: “una vez que haya sido celebrada en Roma [la misa exequial], durante el periodo de novendiales, se organizará en cada Diócesis un funeral diocesano que será convocado por el Obispo. Así mismo, una vez que se haya realizado el funeral diocesano, cada comunidad parroquial podrá establecer el día y la hora en el que lo realizará a nivel parroquial”.
Con el deseo de proveer material adecuado para dichas celebraciones, la Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica pone a su disposición el siguiente subsidio litúrgico, el cual podrá ser empleado tal y como se propone, o bien podrá ser adaptado a las diversas comunidades diocesanas y parroquiales, según las necesidades pastorales.
Según una antigua costumbre, recogida en la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis del Sumo Pontífice Juan Pablo II, después de la muerte del Romano Pontífice, los Cardenales celebrarán las exequias en sufragio de su alma durante nueve días consecutivos. La forma en la que estas celebraciones se llevan a cabo, están contenidas en el capítulo IV del Ordo exsequiarum Romani Pontificis.
Los novendiales, nombre con el que se conoce a este tiempo, tienen un doble objetivo: en primer lugar, elevar oraciones a Dios en sufragio del alma del Romano Pontífice, manifestando de esta manera el duelo de la Iglesia por la muerte de su Pastor, y, en segundo lugar, servir de puente de transición entre la muerte del Papa y la elección del sucesor de san Pedro.
Si bien estas celebraciones son propias de la liturgia de la Iglesia de Roma, las iglesias particulares, esparcidas por el mundo entero, pueden unirse en oración para pedir a Dios por el eterno descanso del Romano Pontífice.