LAUDATO SI’: UNA CONVERSIÓN ECOLÓGICA INTEGRAL

LAUDATO SI’: UNA CONVERSIÓN ECOLÓGICA INTEGRAL AL SERVICIO DE LA VIDA, LA JUSTICIA Y EL BIEN COMÚN

El pasado 20 de julio de 2026. Mons. José de Jesús González Hernández OFM, en consonancia con la Encíclica Laudato Si’, emitió el comunicado 18/2026, en el que exhorta a la comunidad Diocesana a que se evite el uso de materiales desechables de un solo uso en reuniones, convivencias, fiestas patronales, kermeses, retiros, encuentros de formación y demás actividades pastorales.

Invita, de manera especial, invito a promover el uso de vasos, platos, cubiertos y recipientes reutilizables, así como prácticas responsables de separación y reducción de residuos.

Ante los desafíos ambientales que afectan a nuestra sociedad y a nuestras comunidades, Monseñor Jose de Jesús, indicó: “considero oportuno hacer un llamado a todas las parroquias, capillas, grupos apostólicos, movimientos y organismos diocesanos para fortalecer nuestro compromiso con el cuidado de la Casa Común”.

LAUDATO SI’

La publicación de la Encíclica Laudato si’. Sobre el cuidado de la casa común, del Papa Francisco, el 24 de mayo de 2015, marcó un hito en la Doctrina Social de la Iglesia.

No se trata únicamente de un documento sobre ecología, sino de una profunda reflexión teológica, antropológica, ética y pastoral que invita a toda la humanidad a reconocer que la creación es un don de Dios confiado al cuidado responsable del ser humano.

La crisis ambiental contemporánea —manifestada en el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación, la escasez de agua, la degradación de los ecosistemas y el incremento de la pobreza— constituye también una crisis moral y espiritual.

Por ello, el Papa Francisco propone una ecología integral, en la que la protección del medio ambiente es inseparable de la defensa de la dignidad humana, de la justicia social y de la solidaridad entre generaciones.

La creación como don de Dios

La Sagrada Escritura presenta la creación como una obra buena salida de las manos del Creador: «Y vio Dios todo cuanto había hecho, y era muy bueno» (Gn 1,31).

El ser humano no es propietario absoluto de la tierra, sino administrador de los bienes que Dios le ha confiado (Gn 2,15). El mandato bíblico de «cultivar y cuidar el jardín» implica trabajar responsablemente y proteger la creación, nunca explotarla de manera irracional.

El Papa Francisco recuerda que: «La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería» (Laudato si’, n. 21).

Esta afirmación pone de relieve que la degradación ambiental es consecuencia de decisiones humanas marcadas por el consumismo, la indiferencia y una economía que frecuentemente privilegia el beneficio inmediato sobre el bien común.

La ecología integral: el corazón de Laudato si’

Uno de los aportes más originales y trascendentes de la Encíclica Laudato si’ es el desarrollo del concepto de ecología integral, presentado principalmente en el capítulo cuarto (nn. 137-162).

Este concepto constituye el eje articulador de todo el documento y representa una contribución significativa tanto a la Doctrina Social de la Iglesia como al diálogo entre la fe, la ciencia, la política y la ética.

La ecología integral parte de una constatación fundamental: la crisis ambiental y la crisis social no son dos problemas independientes, sino dos manifestaciones de una misma realidad.

En palabras del Papa Francisco: «No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental» (Laudato si’, n. 139).

Esta afirmación rompe con la visión reduccionista que considera la protección del medio ambiente como un asunto exclusivamente técnico o científico.

Para el Papa Francisco, la degradación de los ecosistemas está estrechamente vinculada con la pobreza, la desigualdad, los modelos económicos de producción y consumo, las estructuras políticas, la cultura del descarte y la pérdida del sentido trascendente de la existencia humana. En consecuencia, cualquier respuesta eficaz debe abordar simultáneamente las dimensiones ecológica, económica, social, cultural, ética y espiritual.

El cuidado de la creación, una visión profundamente bíblica

El fundamento teológico de la ecología integral se encuentra en la Sagrada Escritura. El relato de la creación presenta al universo como una obra querida por Dios, donde todas las criaturas poseen un valor propio por el simple hecho de haber sido creadas por Él: «Y vio Dios todo cuanto había hecho, y era muy bueno» (Gn 1,31).

El ser humano recibe la misión de «cultivar y cuidar» el jardín (Gn 2,15), no de dominarlo arbitrariamente. El verbo hebreo empleado en este pasaje expresa simultáneamente el trabajo responsable y la custodia amorosa.

La autoridad del hombre sobre la creación debe entenderse, por tanto, como una administración responsable y nunca como un derecho absoluto de explotación.

Esta visión es reafirmada por el Salmo 24:»Del Señor es la tierra y cuanto la llena» (Sal 24,1).

En consecuencia, los recursos naturales no pertenecen exclusivamente a quienes poseen el poder económico o político para explotarlos, sino que constituyen un patrimonio destinado al bien común de toda la humanidad y de las generaciones futuras.

Todo está conectado

Una de las expresiones más repetidas en Laudato si’ resume el pensamiento del Papa: «Todo está conectado» (Laudato si’, nn. 16, 91, 117, 138 y 240).

Esta afirmación expresa una auténtica antropología relacional. La persona humana vive en relación con Dios, con los demás, consigo misma y con la creación. Cuando una de estas relaciones se rompe, las demás también resultan afectadas.

Así, la contaminación de un río no sólo destruye un ecosistema; también compromete la salud pública, afecta la agricultura, reduce las oportunidades económicas de comunidades enteras y vulnera derechos fundamentales como el acceso al agua potable.

De manera semejante, la deforestación no implica únicamente la pérdida de árboles, sino también la desaparición de especies, el incremento del cambio climático, el desplazamiento de pueblos originarios y el deterioro de la calidad de vida.

Por ello, la ecología integral exige comprender que cada decisión económica, política o tecnológica posee consecuencias ambientales y sociales que deben ser evaluadas desde el criterio del bien común.

Las dimensiones de la ecología integral

El Papa Francisco desarrolla diversas dimensiones que integran este enfoque.

1. Ecología ambiental: Consiste en proteger los ecosistemas, conservar la biodiversidad, utilizar racionalmente los recursos naturales y reconocer que toda criatura posee un valor propio, independientemente de su utilidad económica.

2. Ecología económica: Francisco cuestiona un modelo económico basado exclusivamente en el crecimiento ilimitado, el consumo desmedido y la rentabilidad inmediata. Señala que una economía desvinculada de la ética termina destruyendo tanto a las personas como al ambiente.

En este sentido afirma: «La protección del medio ambiente deberá constituir parte integrante del proceso de desarrollo» (Laudato si’, n. 141).

La economía debe orientarse hacia el desarrollo humano integral y no únicamente hacia la acumulación de riqueza.

3. Ecología social: Las consecuencias del deterioro ambiental recaen principalmente sobre los sectores más vulnerables. Sequías, contaminación, inseguridad alimentaria, pérdida de viviendas por fenómenos climáticos extremos y enfermedades asociadas a la degradación ambiental afectan con mayor intensidad a quienes disponen de menos recursos. Por ello, la justicia ambiental es inseparable de la justicia social.

4. Ecología cultural: Cada pueblo posee una riqueza cultural que también forma parte del patrimonio de la humanidad. Las tradiciones, los conocimientos ancestrales, las lenguas indígenas y las formas comunitarias de relación con la naturaleza merecen protección.

Francisco advierte que la globalización económica no debe conducir a la uniformidad cultural ni a la desaparición de las identidades locales (Laudato si’, nn. 143-146).

5. Ecología de la vida cotidiana: La calidad del ambiente urbano, la planificación de las ciudades, el acceso a espacios públicos, la vivienda digna y la movilidad también forman parte de la ecología integral.

Los entornos físicos influyen profundamente en las relaciones humanas, la convivencia y la salud mental de las personas. (Continuará)

L.C. Héctor García A. | Codipac Chilpancingo-Chilapa